El médico que colaboraba con la tortura en la alcaidía
Lo denunció uno de los cuatro testigos que declararon ayer. Dieron testimonio: Mario Mendoza, Juan Eduardo Lenscak, Virginia Domínguez Silva y Roberto Tribbia. La audiencia continuará hoy, a las 8.30.
Con cuatro testigos, continuó ayer el juicio oral y público en el marco de la Causa Caballero, por “tormentos agravados” cometidos en la Brigada de Investigaciones y en la alcaidía policial de Resistencia, entre 1975 y 1979, con 10 policías y dos militares sentados en el banquillo de los acusados.
La decimoquinta jornada comenzó con el testimonio de Mario Mendoza, quien también había declarado en el juicio por la Masacre en Margarita Belén. En este caso, relató el horro que tuvo que vivir en su paso por la cárcel, desde su detención en septiembre de 1975.
De inmediato, lo trasladaron a la Brigada de Investigaciones por calle Juan B. Justo, donde fue sometido a duras sesiones de torturas, con golpes y picanas, que, en un principio, se repetían por la mañana y por la noche.
Pero, en las sucesivas sesiones de torturas fue perdiendo el conocimiento sistemáticamente tras los golpes. “Iba caminando a la sala de tortura y regresaba inconsciente al calabozo”, recordó.
Durante los tormentos estaba presente el entonces secretario del Juzgado Federal de Resistencia, Carlos Flores Leyes, quien falleció antes de ser sometido a juicio.
El calvario duró menos de dos semanas, hasta que lo llevaron a la alcaidía policial. Allí, comenzó a tener sangrados (cuando orinaba y por el ano), los testículos le colgaban hasta la mitad de la pierna y sufría de vómitos frecuentes hasta que un día perdió el conocimiento. Entonces, el médico de la penitenciaría provincial lo envío al Perrando para una intervención quirúrgica de urgencia: le extirparon parte del estómago y del duodeno, según la declaración de Mendoza.
De regreso a la alcaidía, el médico que le había salvado la vida ya no estaba, siendo reemplazado por otro, que era el extremo opuesto: “Colaboraba en la tortura, diciendo que paren o que sigan porque este aguanta”. Por su deterioro físico, Mendoza se salvaba de las torturas y de las golpizas durante las requisas, hasta que un día “me pegaron y perdí el conocimiento, mientras el médico decía que yo estaba bien”.
Mendoza pasó por la Brigada de Investigaciones, luego fue a la alcaidía, de allí a la U7, más tarde a Caceros, luego a La Plata, Villa Devoto, hasta salir en libertad desde Rawson. Aunque, recién en 1994 pudo “limpiar” su expediente, ya que hasta ese año estaba inhabilitado.
HISTORIAS MÍNIMAS
Virginia Domínguez Silva fue detenida un día después que su hermano Eugenio “Yango” Domínguez Silva, el 11 de septiembre de 1975. La apresaron por tratar de encontrarlo a él y a sus otros hermanos y a un primo.
La llevaron a la Brigada de Investigaciones, donde permaneció una tarde y una noche, parada, mirando una pared. Luego, la dejaron salir, pero de su hermano Eugenio, de sólo 16 años no tuvo noticias.
Recién lo pudo ver cuando el menor fue llevado a la alcaidía. Ya en 1978, tras una visita de la Cruz Roja Internacional, Virginia presentó un hábeas corpus para que liberaran a Eugenio, pero no prosperó. Por los golpes, Yango aún tiene consecuencias en la nariz.
Más tarde, declaró José Saavedra, director de Derechos Humanos del Gobierno de Formosa. Fue detenido el 19 de noviembre de 1975, en la localidad formoseña El Colorado, por fuerzas conjuntas al mando de José Tadeo Luis Bettolli.
Bettolli regresa a la casa de Saavedra, cuando éste ya estaba detenido. “Dónde está la plata”, preguntó irritado el militar, para saber cómo la familia podía afrontar el traslado desde El Colorado hacia Formosa, primero, y Resistencia, después. Como la mujer no contestaba, le pegó un golpe en la cara pegando la cabeza contra una mesa. Como secuela: la esposa del funcionario formoseño perdió la audición en ambos oídos.
El último en declarar fue Roberto Tribbia, oriundo de Corrientes. Hombre del interior de esa provincia, sus primeros pasos como estudiante los dio de la mano de monseñor Devoto. Más tarde, Rubén Dri, ex cura, lo acogió en el Colegio Mayor Universitario.
Tribbia, que nunca tuvo militancia política ni social, vivió en la casa de Dri, hasta que un día le pusieron una bomba en la puerta de entrada. Entonces, se mudó a una pieza que le prestaba la familia de su novia Noni Pérez, quien también había declarado en esta causa.
La pieza, ubicada en Villa Centenario (barrio peronista y con gran número de estudiantes por su cercanía a la Universidad), fue allanada el 10 de septiembre de 1975 y a Tribbia lo detienen almorzando en casa de un compañero de trabajo.
Lo llevan a la Brigada de Investigaciones, donde es torturado con picana, pero, tal vez, por el efecto de las botas de goma que llevaba puesta desde su detención, la corriente eléctrica no sufrió el efecto esperado.
Luego, por intermediación de un amigo de la familia, Tribbia se entrevistó con Cristino Nicolaides, jefe del VII Brigada de Infantería, y Leopoldo Fortunato Galtieri, jefe del II Cuerpo de Ejército (en dos ocasiones). En la primera de ellas, le hicieron un simulacro de fusilamiento mientras lo trasladaban desde la alcaidía hacia el Regimiento con asiento en el barrio La Liguria.
Por Marcos Salomón