17/09/2010 - Causa Caballero: el Juicio
Valenzuela dijo que Lucas no quiso ver las heridas que tenía

El subsecretario de DDHH señaló que durante su cautiverio en la Brigada de Investigaciones la hoy integrante del Superior Tribunal lo visitó junto a un grupo de diputados. “Sólo venimos para ver si están vivos”, le dijo la ex legisladora.

El subsecretario provincial de Derechos Humanos, José Luis Valenzuela, declaró durante dos horas, este martes, en el juicio histórico contra ex represores que se desarrolla en dependencias de la Justicia Federal ubicadas frente a la Plaza Central de Resistencia.

Junto a él, lo hicieron Rubén Arce, Julio Argentino Cossio, Roberto “Patón” Greca – también por dos horas - y Víctor Fermín Giménez. La audiencia comenzó cerca de las 9 y terminó a las 15 hs.

El subsecretario de Derechos Humanos del Chaco, José Luis “Llorón” Valenzuela, declaró que estuvo doce días en la Brigada y tres años y un mes en la Alcaidía. “No es fácil venir acá, hace varios días que no duermo” reconoció en un tramo de su testimonio; que tuvo de todo, como en botica.

Valenzuela, en su relato, describió momentos duros, como cuando explicó sobre las torturas que sufrió en la Brigada y los padecimientos en la Alcaidía. Y también con momentos tragicómicos, cuando relató cómo fue la entrevista con dos diputados radicales cuando estaba a merced de la patota de Thomas, Manader y compañía; o cuando vio llegar a su abogado esposado a la Alcaidía. Además, fustigó a sus antiguos verdugos destacando que tienen el “juicio justo”, que no tuvieron ninguno de los militantes perseguidos por el Terrorismo de Estado.

LA VIDA DE LA BRIGADA
José Luis Valenzuela indicó que fue detenido el 9 de septiembre de 1975 y llevado a la Brigada por fuerzas conjuntas de Gendarmería al mando del oficial Sanchistella y la policía del Chaco, con el comisario inspector Ricardo Yedro y Gabino Manader como jefes.

Estuvo doce días en la Brigada de Investigaciones (por calle Juan B. Justo) en compañía de un grupo importante de militantes detenidos. Parado frente a un muro, vio pasar a una oficina al detenido Mario Mendoza, que fue torturado con corriente eléctrica. A la media hora llevan a Valenzuela a la misma oficina, pero olvidan vendarlo; ve una silla y un escritorio, observa a Ricardo Yedro, Ezo Breard, José Marín y Alfredo Scordo, al fiscal Flores Leyes y a Mario Mendoza tirado en una esquina.

“Boludo, a éste también tenemos que interrogarlo, vayan a vendarlo”, grita alguien; y Valenzuela vuelve al muro, donde lo vendan y comienzan las preguntas, los golpes y la picana. “Pegaban con entusiasmo y gozo. No puedo entender que haya personas tan violentas y cobardes a la vez” relató.

Luego agregó que Gabino Manader y José Rodríguez Valiente se divertían con él y otros detenidos haciéndolos arrodillarse para envolverles las cabezas con toallas y usarlos de puchingballs. Dijo que si bien le "dieron con todo", fue un privilegiado en comparación con sus compañeros de pensión Mendoza, Navarro y los hermanos Vassel. “A ellos no los mataron de casualidad”, aseguró.

Valenzuela, cuando relataba las torturas que sufrió cuando la patota lo “investigaba”, marcó la cancha con respecto a los imputados: “Quiero decirle a Caballero, que tiene libertad vigilada, que la democracia está siendo muy generosa con él, como no fueron ellos con muchos de mis amigos torturados y desaparecidos”.

LA VISITA
Después, José Luis Valenzuela reveló que a los pocos días de haber llegado a la Brigada fue visitado por los diputados radicales María Luisa Lucas y León Radzanovicz en presencia del jefe de la Brigada Carlos Thomas y el imputado Lucio Humberto Caballero. “El PJ no mandó ningún diputado”, resaltó el funcionario.

En esa ocasión la diputada y actual integrante del Superior Tribunal
de Justicia le dijo que lo veía bien. “Espere que le muestre como tengo los huevos (quemados por la picana) y va a ver como estoy…” fue la respuesta de Valenzuela. La Dra. Lucas le dijo que no hacía falta. “Nuestra misión es constatar que ustedes siguen vivos”, le contestó. Inmediatamente después de la reunión Valenzuela fue vendado y comenzó a ser torturado; de una patada le rompieron el tabique nasal.

El testigo resaltó que León Radzanovicz lo visitó tres veces más. “Fue una actitud valiente, me daba ánimo, me decía que la democracia no se había olvidado de nosotros”. Igualmente tuvo que pedirle que no lo visitara más, porque las entrevistas matutinas con el diputado se traducían en feroces torturas nocturnas con la patota, y cuando estas cesaron, dejaron de golpearlo.

LOS DÍA EN LA ALCAIDÍA
Valenzuela llegó al establecimiento carcelario provincial el 21 de septiembre de 1975. Estuvo tres años y un mes. Después del golpe de Estado el régimen recrudece: Octavio Ayala, el jefe de la guardia más pegadora desfilaba por el pasillo del pabellón a la manera de los oficiales nazis. Sus subordinados no se quedaban atrás. “Era un personal muy indisciplinado, los más sanguinarios eran Monzón, Barrientos, Esquivel, Roldán (imputado) “era tan flaquito que queríamos que nos pegue él, porque dolía menos”, y Alvarez (también imputado)”. Valenzuela contó que eran muy resentidos; les pegaban a todos, pero tenían predilección por los rubios de clase media. “Los morochitos nos salvamos un poco…”, dijo.

También describió el maltrato permanente; “nos acusaban de marxistas, pero cuando pedíamos misa no nos daban”. Por las condiciones insalubres de cautiverio y la nula atención médica, “Barúa perdió un riñón, se agarró una tuberculosis y tiene una enfermedad sangrante en una pierna. A Mendoza le reventó una úlcera”.
José Luis Valenzuela reveló que arrastra una dificultad respiratoria después de que le rompieran el tabique de una patada, tiene un informe de junta médica que lo confirma. Pero rescató que la guardia del oficial Gaona era legalista y respetaba la dignidad de los detenidos.

Un día un detenido le dice “mirá, ahí viene nuestro abogado a buscarnos” entusiasmado por la posibilidad de una pronta liberación. Realista, Valenzuela le hizo ver las cosas tal cual eran: “…no creo, che. Fijate bien que viene haciendo salto de rana”, le contestó. Efectivamente, su abogado ingresaba al penal no como representante letrado sino como detenido esposado. El abogado reemplazante tuvo que desistir de la defensa después de que le disparasen una ráfaga de ametralladora a la fachada de su vivienda…

Con respecto a la justicia, denunció la complicidad entre el Juez Federal Córdoba, y su secretario Reska, que nunca demostraron interés en las quejas de Valenzuela por sus condiciones de detención. “Flores Leyes era más militar que Martínez Segón”, (militar imputado en la causa Masacre de Margarita Belén). “El ‘comandante’ Reska ahora está jubilado y vive en una casa que pagamos todos nosotros”, señaló. Y declaró que hasta su defensora oficial, la dra. Pacce Wells de Elías, lo trató mal: “Pidió más años que los que me quería dar (el fiscal) Mazzoni”.

PATÓN GRECA
Alto como un jugador de básquetbol, este ingeniero forestal radicado en Formosa estuvo siete años preso por su militancia en la Facultad de Arquitectura de Resistencia. Fue detenido en su casa el 2 de noviembre de 1976 junto con su esposa Gladys Borrini, embarazada de 5 meses. Greca contó que “Manader llevaba la voz cantante” en el operativo, con un amplio despliegue de personal y muy violento, el matrimonio fue tirado al piso, los golpearon y les apuntaron con armas de fuego.

Después los llevan a la Brigada, donde Greca es desnudado y colgado de un caño en un sótano, mientras su esposa permanece a un costado; “Durante seis días nos hicieron cualquier tipo y variedad de atrocidades”. Manader se ensañaba en la tortura; él y sus compañeros practicaban golpes de box y karate, después venían los golpes de 220. Verdugueaban por deporte, se jactaban y lo tomaban como un entretenimiento”, describió el testigo.

EL INFIERNO
La tradicional bienvenida al detenido político en este lugar, dejó al Patón con el tórax de color lila por los moretones y dos costillas flojas producto de los golpes recibidos por la guardia de Ayala, “un perejil de cuarta”. Cuando la hija de Patón y Gladys nació, sus padres estaban detenidos. La nena quedó con la madre de Patón, que un día la llevó a la Alcaidía para que su padre pudiera conocerla, pero con dos costillas rotas no pudo alzarla.

En la U7 el trato fue un poco mejor. Ahí el oficial Casco era “el más verdugo”. Greca contó que “se le bajaron las alas una vez que unos colegas le robaron la pistola. Lo malo fue que se desquitó con nosotros”. En 1979 le hicieron un Consejo de Guerra por el cual lo condenaron a 24 años y 11 meses. La acusación era por demás general, “era una asociación ilícita al por mayor” describió. Como se necesitaba un mínimo de tres personas, los "integrantes" de la banda fueron el matrimonio Greca-Borrini y un tal Giménez, a quién todavía hoy no conoce.

COSSIO
Es detenido el 29 de mayo de 1975 en Santiago del Estero, huyendo de la persecución en el Chaco. Lo torturan y una comisión de la Policía del Chaco viaja a buscarlo. En la Brigada lo secuestran durante 15 días; lo torturan salvajemente. Rompe una silla a la que estaba atado de la 'corcoveada' que le hace dar la picana eléctrica. En septiembre lo trasladan a la U7, donde está hasta abril de 1979. Lo procesaron en siete causas, de las que lo absolvieron en la mayoría. Comienza un periplo que lo hace recorrer la U9 (La Plata) y luego Rawson, en junio. Hasta que en octubre de 1983 llega a Devoto y al poco tiempo lo liberan.

ARCE
Detenido en mayo de 1976. “Marín manoseaba mujeres, pegaba bifes, pateaba y tocaba el acordeón”, declaró. Vio a una chica militante de la UES en la sala de espera para ser torturada, era la hija de un pastor evangélico. “Recuerdo también a Nora Valladares, muy torturada”.

GIMÉNEZ
Fue detenido el 4 de noviembre de 1976 por su militancia universitaria en la Facultad de Arquitectura. “Me torturaban tres veces al día; desayuno almuerzo y cena”. Escuchó como torturaban a un estudiante de Medicina de Corrientes, para que les dijera donde se encontraba un montonero que buscaban. El estudiante fue destrozado para hacerlo cantar. Después, hubo un enfrentamiento con este montonero, de apellido Colombo, que fue asesinado; y, el operativo, fue dirigido por Manader.

Informe: Marcos Salomón/Gonzalo Torres