Se hablaba de masacre durante la sepultura
Lo admitió Daniel Omar Aguirre, uno de los que cavó las tumbas de las víctimas del fusilamiento del 13 de diciembre de 1976. Emocionante despedida con Luis Alberto “Lucho” Díaz.

La jornada pintaba para tediosa con los tres testigos propuestos por la defensa –un cuarto, no pudo ser citado porque no se encontró su domicilio-. Toda la atención estaba centrada en el momento de la restitución a su familia de los restos de Luis Alberto Díaz, víctima de la Masacre de Margarita Belén.
Sin embargo, Daniel Aguirre, un municipal jubilado, que trabajó como sepulturero disparó un dato revelador: mientras eran enterrados los cuerpos de los fusilados en la madrugada del 13 de diciembre de 1976, ya se hablaba de masacre.
Otro testigo, Víctor de Lucía, de 76 años, ex director del cementerio “San Francisco Solano” (1982-1983), entregó un informe sobre las tumbas a Livio Lataza Lanteri, primer intendente electo con la reapertura democrática, pero no recordaba cosa alguna relacionada con la causa. Lo demás, fue pura pirotecnia entre las partes, con alguna intervención de los imputados que fue reprendida.
A Antonio Benítez, de 68 años, policía retirado que pasó por la Comisaría 2ª de Resistencia, en 1976, le causaron demasiados nervios para su presión arterial, simplemente para dos preguntas:
-“¿Sabía o conocía previamente los hechos que se investigan?”, preguntó el defensor Carlos Pujol.
-No escuché nada previamente. Me enteré después.
Sin que de para más, y pensando más en el homenaje a “Lucho” Díaz, el querellante Mario Bosch hizo la pregunta del millón: “¿Pero, usted sabe o vio algo?”, a lo que Benítez, obviamente, contestó: “No sé ni vi nada”.
En cambio, no pudo ser encontrado el domicilio de Raúl Di Bendetto, “preso común” o “preso social”, como se denominaba en la década del 70 a quien no era considerado un “subversivo” o preso político.
En paralelo de la audiencia, en la Casa por la Memoria, comenzaba la conferencia de Norma Cajal, esposa de Lucho Díaz, de su hijo Martín, familiares, ex presos políticos, H.I.J.O.S. y un largo etcétera.
MASACRE
A la defensa le pasó que el testigo que convocó terminó aportando datos más valiosos para las querellas y los fiscales que para el interés de sus defendidos. Es que cada vez que el sepulturero Aguirre hacía memoria, enterraba más la estrategia de los abogados de los ocho militares y el policía.
El testigo comenzó dubitativo, con datos que fueron marcados como contradictorios a los de su declaración en instrucción. Finalmente, se quedó con la versión original: enterró 10 ú 11 cuerpos traídos en dos tandas por la Policía y el Ejército, comenzando a la madrugada cuando lo fueron a buscar hasta su casa.
Ahí comenzó el calvario de la defensa. Entonces, Pujol quiso aportar como pruebas publicaciones periodísticas de 2004: elDIARIO de la Región y La Voz del Chaco. Tras ganar una minibatalla sobre la admisión de unos recortes periodísticos de 2004, los abogados de los imputados creyeron que estaban nuevamente en carrera.
Sin embargo, Aguirre no sólo ratificó los datos periodísticos: como la sepultura en la Letra G sector 12, sino que además aportó el dato que bajó la persiana a la audiencia: “Me enteré ese día, porque cuando termino ya se hablaba de masacre”, afirmó.
Obviamente, la pregunta sobre cómo se enteró de ese dato: “Es lo que hablaban los policías y la gente que estaba ahí” para visitar a sus muertos.
RESTITUCIÓN
Terminada la audiencia, prácticamente la Casa por la Memoria en pleno se trasladó al Tribunal Oral Federal de calle Yrigoyen para acompañar a Norma Cajal y Martín que iban a buscar el cuerpo de “Lucho” Díaz, entre ellos el subsecretario de Derechos Humanos, José Luis Valenzuela; la presidenta del Instituto de Cultura, Silvia Robles, Dafne Zamudio, y Julio Cáceres, con quien Lucho creo el grupo chamamecero Los de Imaguaré.
En la sala de audiencias, con la presencia de los jueces del Tribunal Oral Federal, Gladis Yunes, Eduardo Belforte y Luís González, por Secretaría se leyó el acta que permitió al perito del Equipo de Antropología Forense Miguel Nieva entregar de los restos óseos a los familiares de Díaz. Entonces, las más de 50 personas fueron una sola voz para recordar: “Lucho Díaz, presente”.
Informe: Marcos Salomón