Ayer declararon cuatro testigos
Causa Caballero: uno de los acusados agitó la jornada con intervenciones fuera de lugar
08/07/2010 - Se trata de Enzo Breard, que pidió primero carearse con una ex detenida, pero el Tribunal no accedió a su petitorio. Luego, con la declaración de Aníbal Ponti, interrumpió su relato para negar las acusaciones de éste, pero fue llamado en su atención por el juez Alonso, quien lo advirtió varias veces de que no hable cuando no le corresponde.

Aníbal Ponti fue el tercero de cuatro testigos que ayer prestaron declaraciones en la Causa Caballero, donde se juzgan delitos de lesa humanidad cometidos en la Brigada de Investigaciones y la Alcaidía de Resistencia desde 1975 y durante toda la dictadura militar iniciada en 1976.
Sin embargo, el ex detenido político afirmó que en abril de 1974 ya había sufrido la privación de su libertad, cuando era delegado provincial de la Juventud Peronista, oportunidad en la que fue trasladado a la Brigada de Investigaciones y luego a Gendarmería, por lo que aseguró que las torturas en la provincia comenzaron en ese año.
Si bien lo liberaron, en enero de 1975 fue nuevamente detenido y puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional para luego ser trasladado a la Alcaidía, en abril, donde estuvo hasta que lo llevaron a la Brigada. De allí, reconoció a Thomas y Zeniquel como miembros de las fuerzas que actuaron.
En ese lugar sufrió todo tipo de torturas y de la aplicación de picana eléctrica en distintas partes del cuerpo como: testículos, encías, pene, siempre controlado por un médico que corroboraba que a los torturadores “no se le vaya la mano”.
Pero Ponti, en su declaración, pretendió establecer la complicidad con la que otras instituciones actuaron durante el gobierno de facto, como la Justicia. “El Juzgado Federal de Resistencia, a cargo de Córdoba, Flores Leyes, Mazoni y Rezca, hicieron de la ilegalidad algo legal” dijo, pues las declaraciones que se tomaban a los detenidos siempre eran en presencia de sus mismos torturadores, es decir, bajo presión. También existió “complicidad” por parte del poder político, porque “el Gobernador sabía lo que estaba pasando”.
Además, en la Brigada, también supo de la intervención de otra fuerza de seguridad, que no tiene jurisdicción en este organismo provincial, porque había quien actuaba pero no pertenecía a la Policía y sí al Ejército. “Era una persona con ojos verdes, alto, delgado, que decía que su apellido era Ambi, que se encargaba de manejar todas las torturas”, declaró.
Más allá de esto aclaró que había, no obstante, oficiales, como un tal Perenno, que se negaba a torturar en aquella época, por lo que descartó que haya existido la tal llamada “Obediencia Debida”, no así como otros agentes, que por el contrario lo torturaron, no solamente a él, sino a la mayoría de los detenidos que se alojaban en el lugar.
Para Ponti, existieron quienes conducían las torturas, como Thomas y Zeniquel, quien escuchaba, Bétoli y quienes concretaban los hechos, como Rodríguez Valiente, Manader, Yedro, Silvalongui, Grillo y Breard. Y estas declaraciones le bastaron al último imputado nombrado para chillar en su asiento, desde el fondo de su sala, negando absolutamente los dichos e interrumpiendo la alocución de Ponti, a lo que el presidente del Tribunal, Alonso, lo mandó a callar rápidamente, porque no tenía el derecho al uso de la palabra, advertencia que tuvo que ser repetida reiteradamente al no hacer caso el imputado la orden del juez.
Pretendió un careo
Pero ésta no fue la única intervención de Breard en la jornada de ayer, sino que también lo hizo con la primera testigo, ya que pidió a su abogado defensor un careo con María Gregoria Pérez, detenida el 21 de septiembre de 1975 en la Brigada de Investigaciones.
La mujer, quizá el relato más conmovedor, manifestó que fue víctima de todo tipo de torturas y vejaciones tanto físicas como psíquicas, daños por los que tuvo que ser sometida a 11 operaciones quirúrgicas.
Sus torturadores fueron cercanos a ella, así uno, hermano de un alumno suyo, (es docente jubilada), otro se casó con una mujer que trabajaba en su casa y Zeniquel fue comisario del pueblo donde trabajó.
Incluso, en una oportunidad, la hija de uno de los acusados fue a visitarla para decirle que por su culpa su padre estaba preso.
“A mí me anularon y me dijeron que nunca iba a tener hijos, pero no saben que tengo miles de hijos a los que formé en el valor humano”, sentenció, refiriéndose a los alumnos a los que tuvo que enseñar en su vida.
Estando en un calabozo, ya en la Alcaidía, una vez la llevaron a declarar en el Juzgado donde vio al doctor Mazoni y a Rezca. Según narró, una persona le hizo entrega a Mazoni un paquete diciéndole que era un regalo de Thomas, que resultó ser un arma cargada que manipulaba frente a ella antes de que declare. “A mí nunca se me va a escapar un tiro”, contó Pérez que dijo en esa oportunidad Mazoni, ante la advertencia de que el arma estaba cargada.
Entre los torturadores a los que recordó que actuaron en la Brigada de Investigaciones, aparecieron los nombres de Zeniquel, Thomas, Manader, Cardozo y Breard.
Fue en este momento en que la defensa pidió que la testigo trate de identificar a Breard en la sala, algo a lo que no accedió porque consideró que debido a los años que transcurrieron podría equivocarse.
También los abogados defensores requirieron el careo junto al imputado, algo que el Tribunal no accedió, luego de deliberar y no encontrara fundamentos necesarios para hacerlo.
Breard, a declarar
Cuando se sentó a declarar, Enzo Breard pretendió mostrarse “indignado” por la postura del fiscal Germán Weins Pinto, quien dijo que en su oportunidad de declarar no lo hizo. En esta oportunidad fue interrumpido nuevamente por el presidente del Tribunal que le indicó que tiene “la obligación de escuchar y obedecer todo lo que le digo”, y lo invitó a que comente sobre sus inquietudes y no otras cuestiones.
Así, se defendió afirmando que hasta el 28 de mayo de 1975 trabajó en la Comisaría Tercera y que tanto Pérez como Ponti no lo mencionaron en otras declaraciones, pero ahora sí, por lo que “les enseñaron” a que lo señalen como uno de los miembros de la policía implicado en el caso. El acusado se negó a que le hagan preguntas, desde la fiscalía, la querella y la defensa, y con eso terminó su testimonio.
Eligia Flor y Juan Gonzáles
Ayer también declaró Eligia Flor, detenida el 10 de septiembre de 1975, cuando fue llevada desde la casa de su novio Rubén Vassel, (también detenido) hasta la Brigada de Investigaciones, donde estuvo una semana aproximadamente.
Por su parte, Juan Manuel Gonzáles, detenido el 11 de septiembre de 1975 por una “patota” en su domicilio, que no se identificó, también brindó detalles sobre su cautiverio. El hombre de 53 años fue a dar a la Brigada de Investigaciones donde recibió todo tipo de golpes en la cabeza, los oídos, fue trasladado luego a la Alcaidía y más tarde a Gendarmería donde, bajo amenaza, lo obligaron a que firme su declaración.
Finalmente, fue llevado hasta la U7 donde las condiciones carcelarias se endurecieron aun más cuando se produjo el golpe militar del 24 de marzo de 1976. Salió en libertad en 1980.
La jornada se retomará hoy, a las 8.30, con las declaraciones de Horacio Cracogna, Osvaldo Uferer y Eugenio Domínguez Silva.