Causa Caballero - Juicio oral - día 1
Los represores escucharon las acusaciones sin inmutarse

Comenzó ayer el juicio a los doce imputados por delitos de lesa humanidad. Se leyó el requerimiento fiscal –que continuará hoy- y después se conocerá la requisitoria de la querella. No hubo incidentes y el proceso se desarrolló en absoluto orden.

Los represores imputados en la Causa Caballero llegaron ayer a la Facultad de Ingeniería de la UNNE pasadas las 7.20, en dos celulares del Servicio Penitenciario Federal y en una ambulancia, para hacer frente al primer juicio oral y público de la historia chaqueña por delitos de lesa humanidad. Después, entraron la querella, los fiscales y el Tribunal Oral Federal.

La llegada de las partes fue sin el menor inconveniente, ya que salvo los primeros periodistas y algunos militantes, el hall de acceso de la Facultad estaba literalmente vacío. “Mirá, parecen unos viejitos buenos y fueron sanguinarios torturadores”, reflexionó, observando desde lejos, un ex preso que padeció las torturas.

Ramón Esteban Meza llegó apoyado en un bastón y con una evidente incapacidad motriz. Ramón Andrés Gandola lo hizo con un bastón canadiense y fue subido al primer piso de la sala de juicio en silla de ruedas.

El resto, Gabino Manader, José Francisco Rodríguez Valiente, Humberto Lucio Caballero, José Marín (alias “Cabo Sotelo”), Enzo Breard, Francisco Orlando Álvarez, Rubén Héctor Roldán, Oscar Alberto Galarza, y los ex militares: Luis Alberto Patetta y José Tadeo Luis Bettolli, lo hicieron por sus propios medios.

Tras una engorrosa revisión para el ingreso de periodistas y público (cacheo y revisión de Gendarmería, incautación de celulares y bolsos), que responde básicamente a las medidas de seguridad, las partes se pudieron acomodar. Entre ese momento y el ingreso del Tribunal Oral Federal (TOF), se perdió una hora respecto del inicio previsto para las 8.

DETALLES
Con todo acomodado, por Secretaría se repasó uno por uno, el nombre de los doce imputados. Luego, se leyó el requerimiento fiscal (es decir, las acusaciones y los testigos y sus testimonios).

Durante las casi cuatro horas que duró la lectura (incluido un cuarto intermedio), ni uno de los represores se inmutó ni hizo un gesto. Tampoco desde familiares de las víctimas se intentó algún abucheo. Sólo hubo un pedido de orden y silencio, por un murmullo generalizado propio del tedio por tantas horas de lectura.

Así como el ingreso, la lectura se desarrolló sin incidentes ni cruces entre quienes vienen a buscar condena y quienes están dando su apoyo a los imputados. Bien distinta a la tensión que se vivió en Corrientes durante el proceso por la causa del ex Regimiento de Infantería 9 o como sucedió en otras provincias, donde hasta hubo huevazos contra los genocidas.

Según los cálculos, se llegó a leer el 60% del requerimiento fiscal, que continuará hoy a las 8.30 en la misma Facultad de Ingeniería. Con lo que será imposible que el viernes se avance en conocer si los represores declararán o se abstendrán de hacerlo (de ocurrir esta situación, se pasará directamente al testimonio de las víctimas, es decir de los ex presos, y de los testigos de la defensa, que totalizan 138 personas, testimoniales que comenzarían el 12 de mayo).

También quedó en claro que, de las 20 a 30 jornadas de juicio previstas (unos seis meses), sólo diez se realizarán en la UNNE, el resto se lo hará en la sede del TOF (Tribunal Oral Federal), sobre calle Yrigoyen (al lado de Correo Argentino). Situación que se volverá aún más espinosa cuando este proceso por la Causa Caballero se superponga con el juicio por la Masacre de Margarita Belén, que debería comenzar el 3 de junio.


ADENTRO Y AFUERA
Adentro, la lectura de la requisitoria fiscal comenzó con un par de objeciones de la defensa por cuestiones formales. Luego, todo transcurrió lenta y tranquilamente. El detalle: tras la aparición del abogado Mario Bosch con un brazalete (del estilo de la película The Wall de Pink Floid) pidiendo “juicio y castigo ya”, otros brazos también mostraron la misma insignia.

Afuera, militantes sociales, culturales, de derechos humanos y de partidos políticos hacían oír sus bombos y cánticos, en acompañamiento al primer juicio por crímenes de lesa humanidad tras más de 30 años de lucha en la calle y más de dos décadas de batallas judiciales.

El requerimiento, cuya lectura estuvo custodiada por casi dos docenas de uniformados (entre Gendarmería, Servicio Penitenciario Federal y hombres de civil), tenía denominadores comunes: presos políticos golpeados (trompadas, patadas), picaneados, torturados de todas las formas posibles, algunas mujeres vejadas, embarazadas a las que le recorrían el cuerpo con electricidad y hasta simulacros de fusilamiento, en definitiva, toda la batería del horror instaurado por la última dictadura cívico-militar

Cuando se terminó la primera jornada del juicio oral y público por la Causa Caballero, el adentro y el afuera se tuvieron que topar: fue en el momento en que los represores dejaron el banquillo de acusados para volver a sus celdas.

Los militantes los despidieron con el clásico cántico de “como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar”. Para el último en irse, Gandola (trasladado en patrullero de la Policía Federal), había otros recuerdos: “Te acordás cuando me llevabas en el baúl del patrullero…”, disparó otro ex preso político que también será testigo.

De todas maneras, no hubo roces entre manifestantes y policías, ni tampoco entre los militantes y familiares de los imputados. Así, terminó el primer día del histórico juicio por delitos de lesa humanidad, que, como no podía ser de otra manera, comenzó en una fecha histórica para el país: el mayo del Bicentenario.