Causa Caballero: reconocen picana y señalan al Regimiento como otro lugar de detención
Viernes, 09 de Julio de 2010 -
El reconocimiento de la picana encontrada en un sótano de la ex Brigada de Investigaciones y la ubicación del Regimiento de La Liguria, como un lugar de detención para presos políticos, fueron los hechos más relevantes aportados por los cuatro testigos que declararon ayer en juicio contra militares y policías imputados en la causa Caballero.

Pasada la media mañana subió al estrado Raúl Osvaldo Uferer, militante político que fue detenido en dos oportunidades por la policía del Chaco y torturado fuertemente en el 76 en la Brigada de Investigaciones. Cuando estaba en el medio de su declaración el Tribunal Oral Federal le pidió que reconociera dos objetos que fueron hallados en un sótano del edificio donde estuvo detenido. Sin dudar dijo: “La picana es la roja”. Y Señaló a un objeto de características similares a las que tiene una picana portátil usada en los campos ganaderos o en el transporte de ganado. Uferer minutos antes sostuvo que “como la venda se afloja” y “uno se las ingenia para ver por debajo” de ésta, pudo observar “cómo era la picana” portátil que se usaba en la Brigada. Agregó no había una sola, “yo vi al menos dos, una azul y otra naranja”. Recuerdo una vez que (José) Marín nos trasladó al piso de arriba para que orinemos cuatro compañeros entre ellos (Eduardo) Dito Saliva, allí pude ver que le aplicó la picana en sus genitales y era azul”. Cada vez que oía el zumbido, el bebé lloraba “Esa picana tenía un ruido característico. Me llevaron a un salón para torturarme y en el medio de la sesión quedé inconsciente. Cuando recuperé el conocimiento escuché que la estaban mortificando a Nora Valladares”, determinó. “Decime lo que quiero, te dejo poner la bombacha y vestirte, era la voz de Gabino Manader. La sesión continuó un tiempo, hasta que la amenazaron con traer al hijo si no hablaba. Escuché el quejido del hijo, creo que efectivamente estaba allí. Y cada vez que oía el zumbido de la picana, el bebé lloraba”, comentó al tribunal. Uferer pudo ver solamente las piernas de Valladares y dos manos que la sujetaban. El resto reconstruyó con el resto de sus sentidos. Esta parte de su testimonio fue la más dura pese a que él no se quebró. Pedido de la defensa El defensor de Enzo Breard, Pedro Mañanes, pidió a los jueces que se libre oficio a la fábrica para determinar si el modelo de picana existía en la década del 70. La duda la planteó porque recién “en los 90 vio de ese tipo”. La querella y la fiscalía plantearon la nulidad de lo solicitado porque “consideraron que la prueba fue encontrada en un sótano que fue clausurado en los 80, algo que haría imposible colocarla allí con posterioridad”. En rigor picanas como la exhibida pudieron fabricarse en otros países y tranquilamente ser importadas. Este punto será determinado con el informe solicitado como también cuando se reconozca el lugar. “Me llevaron a La Liguria” El último testigo de la jornada fue Oscar Gómez, que fue detenido en su casa el 9 de marzo a la tarde. Hasta ese día el trabajaba en La Internacional y tenía una carrera prometedora. “Me detienen soldados, me llevaron hasta el Regimiento de La Liguria, pude reconocerlo porque no estaba vendado. Una vez adentro me tapan los ojos y me conducen a una dependencia donde me pegan violentamente. Luego pude deducir que había otras personas detenidas”, denunció. “Durante un tiempo no nos dieron comida ni agua, sentía mucha sed. Estuve diez días allí. Sentí que me quemaban con colilla de cigarrillo en las tetillas. Lo peor fue no tener agua”, mencionó. “Pocos días después me llevaron a un sala donde estaba el oficial de la Policía del Chaco (José María) Cardozo. Me preguntó si sabía quién era, yo contesté que sí porque mi padre era amigo del suyo. Respondió: Dos padres amigos, y los hijos, uno policía y el otro montonero. No decís nada”, adjuntó. Flores Leyes en todos lados Los cuatros testigos reconocieron que el ex fiscal federal Carlos Flores Leyes vio las condiciones inhumanas de detención como también habría presenciado sesiones de torturas. Gómez relató que pocos días antes de ser trasladado a la comisaría de Barranqueras, en ese momento la seccional Cuarta, “la venda se aflojó” lo suficiente como para poder observar que había un “grupo observándolos”. Entre todos se destacaba una figura “no sólo porque era alto sino también porque tenía traje, era el único”. “Ya libre, caminado con otro detenido político, reconozco esa figura y era Flores Leyes. En otra oportunidad, ya en el juzgado federal cuando fui para ver cómo quedaba mi situación luego de que se anularon los consejos de guerra lo volví a ver”, agregó. Lo aportado por este testigo como por los otros tres, y los que ya pasaron, ubica claramente al ex funcionario judicial en los distintos centros de detención como también cuando eran golpeados y hasta en los interrogatorios. Era menor y me dejaron en libertad El segundo testigo, Eugenio Domínguez Silva, fue detenido el 9 de septiembre del 75, cuando tenía 17 años, en la casa de su hermano e inmediatamente fue trasladado hasta Brigada en un Torino blanco. Pasó largo tiempo hasta que logró que una autoridad judicial lo dejara en libertad porque era menor de edad. El crimen que cometió era tener una valija con libros marxistas. Su calvario fue similar al que vivieron el resto de los presos y hasta hoy guarda los papeles de su detención, las comunicaciones que recibió su familia, más precisamente su hermana. Durante su testimonio comentó que lograron que la Justicia revea su situación pero en el fallo figura que al juez se le pasó que era menor y que no le correspondía la sentencia que recibió antes de la dictadura. Habían pasado ya 2 años. “Me destrozaron la vida”, relató Domínguez Silva al finalizar su exposición. Él como el resto esperó muchos años para poder relatar lo vivido ante una autoridad judicial en un juicio contra sus verdugos. Acordes del horror Todos, salvo el último que no estuvo en la Brigada, señalaron haber escuchado o haber visto cuando Marín tocaba el acordeón durante las sesiones de torturas, como tratando de tapar los gritos. Difícil de explicar esta conducta como la del resto de los integrantes “del grupo de tareas” provincial, estos acordes podrían tener varias funciones pero únicamente su ejecutor podría saber cuáles eran. Detenido en Reconquista Raúl Cracogna aseguró que fue detenido en Reconquista cuando fue a visitar a sus padres. El 1 de mayo de 1976 la policía santafesina lo ubica y lo traslada a la jefatura de esa ciudad. El jefe de esa unidad le comunicó que fue detenido porque lo requirieron desde Resistencia por formar parte del grupo de familiares de presos políticos. Buscaban datos de esta organización.