19/08/2010 - Este viernes, a las 21, en la Iglesia Catedral
Trata de personas: la jueza Niremperger brinda una charla
La jueza federal de Sáenz Peña dará una charla este viernes sobre el delito de la trata de personas en la Iglesia Catedral de Resistencia a partir de las 21. El evento, organizado por personal de la institución, es de acceso libre y gratuito.

“Fui invitada por el personal que trabaja en la Iglesia para que pueda dar una charla o por lo menos un bosquejo general de lo que significa la trata de personas y en qué lugar estamos situados nosotros como país y como región respecto de este delito”, comentó Niremperger en diálogo con RADIO CIUDAD.

“Creo que todos los países están en una situación apremiante en cuanto a la trata de personas porque este movimiento, este esfuerzo grande que se viene haciendo desde Naciones Unidas es bastante reciente más allá que el delito de trata de personas haya existido desde siempre. Por lo tanto cada uno de los países que fueron ratificando el Protocolo de Palermo está dando pequeños pasos que aún no alcanza a ser una verdadera lucha. Esto lo ha dicho Naciones Unidas en el último reporte que hace cada año sobre la actitud que están tomando los países en relación a la trata de personas y cómo están cumpliendo el Protocolo de Palermo”, sostuvo la jueza.

La magistrada señaló que el último informe de la ONU sobre la trata señala que el si bien en el país se incrementaron los esfuerzos para luchar contra este delito los mismos siguen siendo insuficientes. “Tras la trata de personas lo que hay es una situación de cosificación, de sometimiento y de esclavitud de las personas, tanto en los casos de explotación para la prostitución como de explotación laboral. El delito de trata de personas abarca ambas cuestiones además de la extracción de órganos o tejidos humanos”, comentó.
19/08/2010 -Masacre de Margarita Belén - Juicio oral – día 21
Desaparición en el cementerio
Según la testigo Norma Godoy de Arias, ex administrativa del cementerio, la desaparecida es su compañera Carmen Ferreira. La experiencia del ex preso político “Mencho” Campos de tener a su ex abogado defensor sentado en el banquillo de los acusados.

Con la ya costumbre de testigos que faltan o cuyo paradero no se encuentra, comenzó ayer el juicio oral y público por la Masacre de Margarita Belén, en la que se confirmó lo adelantado por este medio: no se pudieron encontrar las fotos del pos fusilamiento del 13 de diciembre de 1976.

Más grave aún, por Secretaría del Tribunal Oral Federal (a cargo de María Lucía Frangioli y Francisco Rondán) se supo que en la División Criminalística se quema toda documentación con más de diez años de archivo.

Ya a los testigos: abrieron la ronda de testigos los ex presos Julio Cossio y Jorge Campos (ambos es JP Regional 4ª). Por ironía del destino, “Mencho” Campos tuvo como abogado defensor al imputado Aldo Martínez Segón, cuando en 1979 fue sometido a Consejo de Guerra en el Regimiento de la Liguaria. El ayer defensor, hoy está sentado en el banquillo de los acusados. El ex preso político condenado en la década del 70; en 2010, es testigo en la causa.

Más tarde, llegó la empleada municipal Norma Godoy de Arias, con una reveladora declaración. Afirmó que la empleada municipal del cementerio Carmen “Pelusa” Ferreira y su esposo permanecen desaparecidos, desde poco tiempo después de que las víctimas de la Masacre fueran enterradas a la madrugada.

Para el final, Raúl Hipper, carpintero con 64 años y dos accidentes cerebrovasculares de por medio, se vio en apuros por olvidar su declaración ante el juez Carlos Skidelsky, durante la instrucción, e incurrir en gruesas contradicciones. Lo salvó la atinada intervención del fiscal Germán Wiens Pinto.

DESAPARICIONES EN EL CEMENTERIO
Norma Godoy de Arias fue otra testigo que hizo reveló datos clave. La afirmación más explosiva: la desaparición de una empleada municipal.

Lo declaró en este contexto: en principio, visiblemente nerviosa, pero a la vez clara cada vez que tenía que responder preguntas. Relató que el 15 de diciembre de 1976 tuvo que asentar en los libros que diez cuerpos fueron enterrados en horas de la madrugada.
“No es común, siempre los servicios son en el horario de atención que comienza después de las 6. Lo hicieron a la madrugada. Lo obligaron al capataz Centurión (fallecido) a cavar”, narró.

Fue el mismo Centurión el que confeccionó los papeles de donde Godoy copió lo que iba asentado en los libros, con varios NN. El mismo capataz le contó a Norma que enterraron cuerpos en bolsas y en cajones cerrados. “A los que estaban en bolsas, los enterraron así nomás, no tenían ni una cruz para identificarlos”, contó la mujer, que de todas maneras aclaró que a las administrativas –como su caso- no la dejaban acercarse a esa parte del San Francisco Solano.

Lo que vino después fue un calvario: “Estábamos bajo amenazas de militares. Vos nos digas nada porque vas a tener problemas o te va a pasar como a ellos, me dijo Centurión”, relató.

Según Norma, los trabajadores eran perseguidos hasta sus domicilios y llegaron a colocar en la administración del cementerio a un militar: “El negro” Juárez (una pista sobre su posible paradero la dio el fiscal ad hoc Carlos Amad), quien controlaba todo el movimiento.

El siniestro cuadro se completa con la desaparición de su compañera “Pelusa” Ferreira. Con esa presión, Godoy renuncia como administrativa del cementerio en 1981, para ser reincorporada a la comuna capitalina hace cinco años.
Antes de renunciar, recuerda que “se entregaron cuerpos a los familiares, o nosotros suponíamos que lo eran. Muchos otros siguen ahí” en el cementerio, finalizó su declaración.

Como en la vigésima jornada, el defensor Carlos Pujol, con su particular estilo, cruzó ayer a la testigo: “Según un informe de la Municipalidad de Resistencia, Godoy nunca trabajó” en el cementerio “San Francisco Solano”.

Chisporroteo entre la defensa, los querellantes, fiscales y jueces. Finalmente, la testigo se pudo retirar de la sala de audiencias y, ahora, la Defensa deberá probar sus dichos.

Por Marcos Salomón


19/08/2010 - Llamarán a declarar a Sabadini Cáceres
Masacre de Margarita Belén: las huellas de los cadáveres
Luis Rafael Ovalle es un licenciado en criminalística, jubilado de la policía chaqueña, que trabaja en Dactiloscopía en 1976. Tras el fusilamiento, lo enviaron a tomar huellas de cadáveres al Regimiento con asiento en La Liguria.
En el Regimiento, ubicó los cuerpos en “un dormitorio, pasando la Plaza de Armas”. Encontró 7 cadáveres, de los que pudo identificar a 5. Dos eran NN: una mujer y un hombre.
Paradójicamente, Ovalle, testigo por la defensa, puso nervioso a los imputados: Horacio Losito se paró para hablar con su abogado. Incluso, llegó a molestar a familiares de Luis Alfredo Chas, que se preguntó: “¿Cuánto le pagaron a éste?”.

No se pudo encontrar en el expediente, tras un larguísimo reconocimiento de prueba, la identidad de los cadáveres reconocidos por sus huellas dactilares. Sí quedó en claro que a cinco de ellos ya “los habían entintado” (ergo, le habían hecho la misma pericia para identificarlos). Y que al mover uno de los cuerpos, Ovalle observó que aún salía sangre de un orificio en el cuello. Todos los cuerpos ya presentaban rigidez cadavérica.
Y otra vez surge la pregunta: ¿Qué sucedió con esas pericias dactiloscópicas? La respuesta la dio el propio testigo: “Se lo entregué a mi jefe, el subcomisario Rodolfo Cáceres”.

En rigor, se trata de Rodolfo Sabadini Cáceres, ex comisario y ex diputado provincial por el PJ, quien será citado a declarar por el Tribunal Oral Federal en fecha que aún no fue determinada.
18/08/2010 - Masacre en Margarita Belén - Juicio oral – día 20
Fotografías del fusilamiento
El testigo Miguel Salinas aseguró haber registrado 17 cadáveres el 13 de diciembre de 1976 a la vera a la ruta 11. Al cierre, buscaban esos registros en sedes policiales sin resultados. Historia de una larga jornada.
La vigésima audiencia oral y pública por la Masacre en Margarita Belén tuvo cinco testigos, pero el fuerte de las declaraciones pasaron por dos miembros de la Policía de Chaco jubilados, que tuvieron algún tipo de participación tras el fusilamiento de presos políticos el 13 de diciembre de 1976.

Los primeros tres en declarar fueron ex presos políticos. Abrió la lista de testigos Ricardo Vassel, que se quebró en parte de su relato. Lo siguió Antonio Zárate (ambos declararon en las dos causas abiertas por delitos de lesa humanidad). Y cerró la lista Luis Albano Rossi.

Los dos testigos que aportaron datos relevantes y reveladores, no sólo para el juicio sino en busca de la verdad histórica, fueron dos policías jubilados: Miguel Jerónimo Salinas, fotógrafo de Criminalística, que fotografió la escena del fusilamiento y del entierro
Luis Rafael Ovalle, de la Dirección de Dactiloscopia, quien tuvo que identificar siete cadáveres de las víctimas de la Masacre, en el Regimiento con asiento en La Liguaria.

Antes del inicio formal de la audiencia, el juicio intramuros ya había comenzado: el único policía imputado en la causa, Luis Alfredo Chas, trajo –de su casa donde cumple arresto domiciliario- una carpeta roja bajo el brazo que fue de sumo interés para los militares imputados y detenidos.
Entre el material de lectura y consulta ofrecido por Chas a los militares, estaba la revita Chacú, editada por el Instituto de Cultura (específicamente, la 7ª edición, con un dossier sobre la Masacre). En esa misma carpeta, estaban las respuestas a algunas de las estrategias de la defensa.

Afuera, alumnos de la Escuela 41, junto con Sandra Palarich, pidiendo justicia a los pincelazos en la calle. Como siempre, presente, Justicia por Cultura y los organismos de derechos humanos, agrupación H.I.J.O.S., Casa por la Memoria y el registro audiovisual del Departamento de Cine del Instituto de Cultura.

FOTOS DEL FUSILAMIENTO
Salinas, el fotógrafo policial reveló datos claves para la causa, al punto que el Tribunal Oral Federal ordenó buscar registros fotográficos en la División Criminalística, primero, y en el Museo de la Policía -donde funciona el archivo de esta institución-, después. Orden que se estaba cumpliendo al cierre de esta edición.

Dato 1: El testimonio de Salinas puso nerviosos a los imputados –no tanto como cuando declaró Ovalle, paradójicamente llamado por la defensa-. A pesar de estar de franco, a “la 1 ó 2 de la madrugada me ordenaron por teléfono que tenía que presentarme con mi equipo, varios rollos de fotos, pilas y flash, listos para las 6 ó 7 de la mañana, cuando me pasarían a buscar militares”, recordó el veterano de 73 años, un by pass y presión arterial mediante.

Dato 2: justo a la hora en que es llamado para realizar el registro fotográfico, las víctimas eran torturadas en la alcaidía, coinciden todos los relatos escuchados hasta el momento.

Dato 3: al llegar cerca de Margarita Belén, por ruta 11, lo hacen fotografiar la escena: seis cuerpos sobre un camión, que estaba atravesado y con una frenada de 20 metros. Bajo el camión, otros cuatro cuerpos. Ni un impacto de bala en el frente. Sólo en el costado derecho.

Dato 4: a unos kilómetros del camión, por ruta 11, camino a Las Palmas, entrando en un camino vecinal a la izquierda -rumbo al campo Varela- fotografió otro cadáver, cerca del alambrado: “Parecía que quería saltar”, graficó.

Dato 5: siguiendo por el mismo camino vecinal, a unos 100 metros, fotografío un cadáver más, cerca del monte.
Dato 6: Salinas, otra voz que confirma cómo fue asesinado Néstor Carlos Sala: de un tiro en la cabeza, sentado al volante de un Peugeot 404 blanco. “Fue la última foto que saqué y por mucho tiempo no pude olvidar que el conductor del vehículo tenía la cabeza reventada”, afirmó. Estaba en un camino lateral, con el baúl orientado hacia el camión.

Dato 7: el de Salinas es le primer relato que ubica a una mujer junto a Néstor, del lado del acompañante (siempre se lo ubicó solo al hombre).

Dato 8: tampoco conocido. Él tenía una pistola 11.25. Ella, una PAM (de 25 tiros). Lo curioso es que no registró casquillos de bala en el lugar.

Dato 9: a 1.000 ó 1.500 metros del Peugeot, había fotografiado, en el monte, dos cadáveres más.

Dato 10: fotografió en total 17 cuerpos.
Salinas no se acuerda si al otro día o ese mismo día, lo vuelven a llamar. Esta vez para fotografías en el cementerio “San Francisco Solano”. “Fotografíe diez cuerpos, uno femenino”, recordó. Todos, enterrados en una fosa común. El hombre asegura que en 1988, donde estaba esa fosa común, se erigió una construcción.

¿Y las fotografías? Los negativos y las fotografías del pos Masacre y del entierro fueron entregados al Ejército. Luego, se le pidió realizar una segunda copia que quedó en manos del jefe de la División Criminalística.

Ya por la tarde, funcionarios del Tribunal Oral Federal, abogados querellantes, fiscales y defensores se dieron cita en la División Criminalística. En este lugar, adujeron que esas fotografías deberían estar en el archivo policial, que funcionan en el Museo de la calle Julio A. Roca. Hasta allí, ya con presencia de la prensa, partió la comitiva. Al cierre de esta nota no se habían encontrado las fotografías.

FALSO
El cierre de la testimonial de Salinas fue con denuncia -casi escándalo- incluido. El testigo había terminado de declarar y contestó con certeza las preguntas de las partes. Cuando todo se encaminaba a despedir al testigo, el defensor Carlos Pujol mostró su carta escondida: “Nunca trabajó en Criminalística, por lo tanto jamás pudo cumplir la función” de fotógrafo. Fue más allá aún, al pedir que se lo acuse de falso testimonio.

La presidenta del Tribunal Oral Federal, Gladys Yunes –que ya había tenido un intercambio con Pujol- restó importancia a la acusación y rechazó cualquier pedido de documentación a la Policía de Chaco -decisión que será apelada por la defensa ante la Cámara de Casación Federal-. La controversia sería resuelta más tarde, con la declaración de Ovalle.
18/08/2010 - Masacre de Margarita Belén-Día 19
Hugo Barúa: “Fusilaron a morcillas humanas”
Así lo afirmó el ex preso político. El enfermero de la policía Blas Verón contó que vio una decena de cadáveres en el Regimiento de la Liguria, durante las pericias médicas. Hoy declaran Luis Albano Rossi, Antonio Zárate y Ricardo Vassel.
Tras el fin de semana largo, la reanudación del juicio oral y público por la Masacre de Margarita Belén avanzó expeditivamente; por cuanto del listado original de ocho testigos, sólo se presentaron tres a declarar.
La audiencia comenzó con los testimonios de lo “Ramones”: Ramón Barúa y Ramón Luque, ambos detenidos por razones políticas en la Alcaidía. Y el enfermero policial Blas Verón dio el cierre con una titubeante declaración, en la que contó lo que vio en un galpón del Regimiento de la Liguria: diez cuerpos en hilera sobre el piso, cada uno con entre cuatro y cinco tiros cruzándoles el pecho.

En el banquillo de acusados, los nueve imputados, un comisario y ocho militares, escucharon atentamente los testimonios en la fecha en que se cumplen 160 años de la muerte de José de San Martín, prócer libertador del cono sur que una vez dijo: “La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene (…) La Patria no es abrigadora de crímenes."

Comenzó en la Alcaidía.
Barúa, presidente de la “Asociación de ex detenidos políticos durante la última dictadura cívico militar Padre Brisaboa”, habló tranquilo y con claridad y hasta se permitió la osadía de “mojarles la oreja” a los nueve imputados que lo escuchaban: “Que me disculpen los cerdos, pero esta piara de Lavalles nunca va a tener la altura ni la dignidad de los Dorregos que torturaron e hicieron desaparecer”, ironizó. Contundente, afirmó: “La masacre comenzó en la Alcaidía, fusilaron morcillas humanas, porque no se puede aguantar tanto castigo”.

La noche del 12 de diciembre de 1976, el testigo vio a Octavio Ayala, jefe de la guardia más dura de la alcaidía, junto con los oficiales “Mono” Monzón y Juan Ramón Rodríguez Valiente, que comenzaban a llamar o mandar a buscar a detenidos cuyos nombres leían de una planilla.
Las luces de las celdas fueron apagadas en su totalidad y solo permanecieron encendidas las del pasillo del pabellón donde los presos tenían prohibido mirar. “A eso de las 9 de la noche comienza a escucharse el castigo”, contó Barúa, acompañado desde el público por toda su familia.
“Fue tremendo. Con los presos sociales calculábamos que habrán sido como cinco horas castigo sin parar”, precisó.
Al finalizar, Barúa recordó un dialogo del oficial Vitorrello, de la guardia de la alcaidía -“¿Viste lo qué pasó?”, preguntó a otro oficial.
-“Al ‘Corto’ lo cortaron”, respondió sin esperar que su interlocutor diera una respuesta. El “Corto” era Reynald Zapata Soñez, militante oriundo de Entre Ríos asesinado en la Masacre junto con su compañera Emma Beatriz Cabral.

Cadáveres en La Liguria.
Después de los testimonios de Barúa y Luque le llegó el turno al enfermero de la policía (jubilado) convocado por la defensa. Verón declaró cerca del medio día en una sala de audiencia semivacía y por momentos se lo vio titubeante, sobre todo al describir el estado y la cantidad de los cadáveres a los que se les practicó una serie de exámenes médicos, no una autopsia, como se encargó de resaltar la jueza y presidenta del Tribunal Oral Federal, Gladys Yunes.
Presenció cómo el médico de guardia, “el doctor Saénz”, examinó un grupo de cadáveres del “enfrentamiento”, a pedido del Ejército. “Me fue a buscar en dos ocasiones el mismo día, siempre por la mañana antes del almuerzo. La primera vez vi 4 ó 5 cuerpos, y la segunda otros 4 ó 5”, contó Verón, a quién los militares que estaban todos de fajina y presentes en esa oportunidad - no recordó sus nombres - impidieron acercarse o tocar los cuerpos.

“Pudo haber estado el doctor Grillo presente”, concedió.
Los cadáveres estaban en hilera sobre el piso, vestidos, con heridas en el pecho, cuatro o cinco por cadáver. “Todos los que recuerdo eran masculinos, no vi orificios de salida, y algunas heridas pudieron ser por la espalda”, indicó el enfermero.
En ocasiones similares, al momento de constatar un “occiso”, Verón participaba en el trámite administrativo de “registración” de las pericias. Sin embargo, en esta ocasión, él no hizo nada de eso, ni le consta que otro enfermero lo haya hecho. El enfermero Rodolfo Gómez trabajaba con él, pero cree haber sido el único enfermero que acompañó al doctor Sáenz.

La fuga imposible.
Ramón Luque, detenido en junio de 1976, mientras hacia el servicio militar, después de pasar tres meses en la Brigada de Investigaciones, es trasladado a la alcaidía, “Más que recuperar detenidos era una situación de aniquilamiento”, recordó. Nunca antes había declarado, en la sala seguían sus palabras su familia y los hermanos Camilo, Lucas y Alejandro Segovia, hijos del inolvidable Zitto.
“El 12 fue un día inusual, después de la cena comienza una golpiza infernal. Se escuchan gritos, órdenes y contraórdenes. Después se escuchan ruidos de motores Diesel, característicos del Ejército”, añadió.
Refirió que por lo que pudo escuchar, los militares se concentraron en el comedor, donde sucedió el apaleamiento, y negó cualquier posibilidad de una fuga “por la cantidad y la duración de los golpes”.
Cuando terminaba su declaración contó el caso de un empleado de Vialidad Provincial de apellido Domínguez, que le dijo haber presenciado la Masacre mientras se encontraba cazando cerca de un riacho que atraviesa la zona.
Dos veces rescató la figura de Zitto Segovia: “Él lo guardó a Luis Franzen en algún lugar de Villa Libertad y mostró solidaridad en un momento en el que nadie lo hacía” relató.
Declaran tres testigos
Se retoma hoy el juicio por la Masacre de Margarita Belén
17/08/2010 - En el Tribunal Oral Federal se retomará hoy, a partir de las 8.30, el juicio denominado Masacre de Margarita Belén, por el cual están acusados ocho ex militares y un ex policía de la provincia de fusilar a más de 22 presos políticos la madrugada del 13 de diciembre de 1976.

Para esta jornada, la Nº 16 desde que arrancó, se tiene previsto la declaración de los testigos Roberto Ceja, Hugo Barúa y Carlos Luque, que se presentarán ante el Tribunal presidido por Irma Yunes.
Con el correr de los días, las declaraciones de ex detenidos políticos que vagaron por la Brigada de Investigaciones, (donde permanecieron presos de forma ilegal ya que se la considera como un centro clandestino de detención y tortura), la Alcaidía y la U7 comprometen más a los implicados en la causa ya que los testimonios convergen en la hipótesis cada vez más clara que asegura que las víctimas antes de ser fusiladas fueron salvajemente torturadas, incluso, muchos podrían haber viajado muertos antes de los hechos a raíz de los golpes que sufrieron.
El terrorismo de Estado y la impunidad con la que actuaron las fuerzas va tomando forma con este juicio, donde se deja en claro además que tanto la Policía como el Ejército actuaron de forma conjunta para llevar a cabo este aniquilamiento de presos políticos durante el último gobierno de facto en la Argentina.
Sin embargo, por el lado de la Defensa, lo que se buscará constatar a lo largo del juicio es la teoría de que la madrugada del 13 de diciembre de 1976 se produjo un enfrentamiento con un grupo de personas que intentó rescatar a los detenidos y una posible fuga de los trasladados, algo que en los hechos concretos es cada vez más difícil de comprobar por las pruebas que se tienen en su contra, no obstante será la Justicia quien tendrá la última palabra.

Los próximos días
El juicio continuará mañana, miércoles 18, con las declaraciones de los testigos Luis Albano Rossi, Antonio Zarate y Ricardo Vassel, en tanto que el jueves 19 será el turno de Juan Argañaráz, Julio Cossio y Eugenio Domínguez Silva.
Según se supo, estaría previsto que durante esta semana también sean citados testigos convocados por la Defensa.
17/08/2010 - Masacre de Margarita Belén - Juicio oral – día 19
“Fusilaron morcillas humanas”

Lo dijo el testigo Hugo Ramón Barúa. El enfermero de la policía Blas Verón contó que vio una decena de cadáveres en el Regimiento de la Liguria, durante las pericias médicas. Hoy declaran Luis Albano Rossi, Antonio Zárate y Ricardo Vassel.

Tras el fin de semana largo, la reanudación del juicio oral y público por la Masacre de Margarita Belén avanzó expeditivamente, por cuanto del listado original de ocho testigos, sólo se presentaron tres a declarar.

La audiencia comenzó con los testimonios de lo “Ramones”: Ramón Barúa y Ramón Luque, ambos detenidos por razones políticas en la alcaidía. Y el enfermero policial Blas Verón dio el cierre con una titubeante declaración, en la que contó lo que vio en un galpón del Regimiento de la Liguria: diez cuerpos en hilera sobre el piso, cada uno con entre cuatro y cinco tiros cruzándoles el pecho.

En el banquillo de acusados, los nueve imputados, un comisario y ocho militares, escucharon atentamente los testimonios en la fecha en que se cumplen 160 años de la muerte de José de San Martín, prócer libertador del cono sur que una vez dijo: “La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene (…) La Patria no es abrigadora de crímenes."

COMENZÓ EN LA ALCAIDÍA
Barúa, presidente de la “Asociación de ex detenidos políticos durante la última dictadura cívico militar Padre Brisaboa”, habló tranquilo y con claridad y hasta se permitió la osadía de “mojarles la oreja” a los nueve imputados que lo escuchaban: “Que me disculpen los cerdos, pero esta piara de Lavalles nunca va a tener la altura ni la dignidad de los Dorregos que torturaron e hicieron desaparecer”, ironizó.

Contundente, afirmó: “La masacre comenzó en la Alcaidía, fusilaron morcillas humanas, porque no se puede aguantar tanto castigo”.

La noche del 12 de diciembre de 1976, el testigo vio a Octavio Ayala, jefe de la guardia más dura de la alcaidía, junto con los oficiales “Mono” Monzón y Juan Ramón Rodríguez Valiente, que comenzaban a llamar o mandar a buscar a detenidos cuyos nombres leían de una planilla.

Las luces de las celdas fueron apagadas en su totalidad y solo permanecieron encendidas las del pasillo del pabellón donde los presos tenían prohibido mirar. “A eso de las 9 de la noche comienza a escucharse el castigo”, contó Barúa, acompañado desde el público por toda su familia.

“Fue tremendo. Con los presos sociales calculábamos que habrán sido como cinco horas castigo sin parar”, precisó.

Al finalizar, Barúa recordó un dialogo del oficial Vitorrello, de la guardia de la alcaidía -“¿Viste lo qué pasó?”, preguntó a otro oficial.

-“Al ‘Corto’ lo cortaron”, respondió sin esperar que su interlocutor diera una respuesta. El “Corto” era Reynald Zapata Soñez, militante oriundo de Entre Ríos asesinado en la Masacre junto con su compañera Emma Beatriz Cabral.

CADÁVERES EN LA LIGURIA
Después de los testimonios de Barúa y Luque le llegó el turno al enfermero de la policía (jubilado) convocado por la defensa. Verón declaró cerca del medio día en una sala de audiencia semivacía y por momentos se lo vio titubeante, sobre todo al describir el estado y la cantidad de los cadáveres a los que se les practicó una serie de exámenes médicos, no una autopsia, como se encargó de resaltar la jueza y presidenta del Tribunal Oral Federal, Gladys Yunes.

Presenció cómo el médico de guardia, “el doctor Saénz”, examinó un grupo de cadáveres del “enfrentamiento”, a pedido del Ejército. “Me fue a buscar en dos ocasiones el mismo día, siempre por la mañana antes del almuerzo. La primera vez vi 4 ó 5 cuerpos, y la segunda otros 4 ó 5”, contó Verón, a quién los militares –todos de fajina- presentes en esa oportunidad –no recordó sus nombres- impidieron acercarse o tocar los cuerpos. “Pudo haber estado el doctor Grillo presente”, concedió.

Los cadáveres estaban en hilera sobre el piso, vestidos, con heridas en el pecho, cuatro o cinco por cadáver. “Todos los que recuerdo eran masculinos, no vi orificios de salida, y algunas heridas pudieron ser por la espalda”, indicó el enfermero.

En ocasiones similares, al momento de constatar un “occiso”, Verón participaba en el trámite administrativo de “registración” de las pericias. Sin embargo, en esta ocasión, él no hizo nada de eso, ni le consta que otro enfermero lo haya hecho. El enfermero Rodolfo Gómez trabajaba con él, pero cree haber sido el único enfermero que acompañó al doctor Sáenz.

LA FUGA IMPOSIBLE
Ramón Luque, detenido en junio de 1976, mientras hacia el servicio militar, después de pasar tres meses en la Brigada de Investigaciones, es trasladado a la alcaidía, “Más que recuperar detenidos era una situación de aniquilamiento”, recordó. Nunca antes había declarado, en la sala seguían sus palabras su familia y los hermanos Camilo, Lucas y Alejandro Segovia, hijos del inolvidable Zitto.

“El 12 fue un día inusual, después de la cena comienza una golpiza infernal. Se escuchan gritos, órdenes y contraórdenes. Después se escuchan ruidos de motores Diesel, característicos del Ejército”, añadió.

Refirió que por lo que pudo escuchar, los militares se concentraron en el comedor, donde sucedió el apaleamiento, y negó cualquier posibilidad de una fuga “por la cantidad y la duración de los golpes”.

Cuando terminaba su declaración contó el caso de un empleado de Vialidad Provincial de apellido Domínguez, que le dijo haber presenciado la Masacre mientras se encontraba cazando cerca de un riacho que atraviesa la zona.

Dos veces rescató la figura de Zitto Segovia: “Él lo guardó a Luis Franzen en algún lugar de Villa Libertad y mostró solidaridad en un momento en el que nadie lo hacía” relató.

Informe: Gonzalo Torres
Edición: Marcos Salomón