01/07/2010 Nuevos testigos afianzan la hipótesis de un “fusilamiento”
“Masacre de Margarita Belén”: testimonios de ex detenidos quitan peso a la versión oficial de una “fuga”

Con el correr de los días, los imputados se muestran más inquietos y comunicativos trazando lo que el Tribunal podría decidir sobre sus acusaciones.12:02 Tras el desfile de más de 100 testigos en la causa por la “Masacre de Margarita Belén”, será el Tribunal el que dé su veredicto sobre los 8 ex militares y un ex policía involucrados. Sin embargo, las declaraciones de los ex detenidos durante la última dictadura militar caen en la conclusión a la que hoy María José Teresa Pressa de Parodi le imprimió más fuerza: “Era imposible una fuga por las condiciones físicas y porque permanecíamos vendados y esposados”, dijo. Además, Raúl Tierno dio precisiones sobre la detención de su hermano Patricio y la peor noticia: su muerte. El juicio se reanudará este viernes, a partir de las 8.30, con las testimoniales de Alcides Greca, Víctor Fermín Giménez y Anibal Ponti.

Siendo las 9.20, este jueves se reanudó el juicio oral y público por la causa “Margarita Belén” en la sede del Tribunal Oral Federal Criminal. Allí, la inmutabilidad que los 9 imputados habían mostrado durante las primeras jornadas fue reemplazada por una actitud más inquieta y una permanente consulta a sus abogados defensores antes de reanudarse el proceso y en cada oportunidad que pueden.

Las testimoniales de María Teresa Pressa de Parodi (esposa de Manuel Parodi Ocampo, víctima) y Raúl Tierno (hermano de una de las víctimas Patricio Blas Tierno) completan la decena de testigos que ya pasaron por el estrado para contar desde sus experiencias personales lo que saben de lo sucedido en la madrugada del 13 de diciembre de 1976 en cercanías de Margarita Belén.

Esta décima audiencia en el proceso comenzó con la declaración de María José Teresa Pressa viuda de Parodi que fue detenida el 16 de abril de 1976 junto a su esposo Manuel Parodi Ocampo en su domicilio y, excepto unas contadas oportunidades en que pudieron intercambiar unas pocas palabras, no volvió a verlo nunca más. Es que su “compañero” fue uno de los fallecidos durante el hecho que hoy se pretende esclarecer.

En exactamente una hora reloj, María, con 53 años de edad relató lo vivido y sufrido desde que “(Gabino) Manader (ex policía imputado por tormentos agravados en 25 hechos), (José María) Cardozo (ex policía) y el teniente (Luis Alberto) Patetta (ex militar imputado por tormentos agravados en dos hechos, también imputado en Causa Caballero), entre otros”, irrumpieron en su casa y los llevaron en una furgoneta directo a la Brigada de Investigaciones.

María aclaró que al momento de su arresto no conocía a esos hombres pero una vez alojada en la Brigada, los vio repetidas veces y de los comentarios de otros presos pudo identificarlos. Un detalle que esta testigo reiteró varias veces es el hecho de que desde su arresto y hasta su libertad definitiva, obtenida en diciembre de 1978, con la única excepción de la vez que dio a luz a su hijo en pleno cautiverio, “siempre estuve vendada y esposada”.

EL BAILE
María contó que estaba embarazada de 5 meses cuando padeció las torturas que consistían, entre otras cosas, en quemarle los pechos “con una pava o una plancha”; aunque también supo ver a otros “compañeros” con secuelas de quemaduras producidas por ácido. “A Nora Valladares me obligaron a ayudarla a comer ya que no podía tragar; así que yo masticaba la comida y se la daba”, recordó en un tramo de su relato.

Un recuerdo que la ex detenida jamás pudo borrar es la melodía de un bandoneón. “Uno tocaba el acordeón y nos hacían bailar y al que paraba le pegaban con una especie de palo”, aseguró dándole mayor identidad a los dichos de otros tantos testigos que precisaron que José Marín, alías “cabo Sotelo”, tocaba el instrumento para tapar los gritos de dolor producto de las torturas.

De su paso por la Brigada, ya que luego la trasladaron a la Alcaidía y la cárcel de Devoto en Buenos Aires antes de recuperar su libertad “vigilada”, María reconoció a otros tantos presos políticos como una tal “Cattaneo de Cuevas, que era de Reconquista, Franzen, Alarcón, un formoseño, Tierno, Ludueña, Perié, Goya, Quintana, Nora Valladares”.

“En un momento ví a 30 personas en una sala grande”, recordó mientras reproducía el esquema que hace años mantiene guardado en su mente sobre aquel lugar y la ubicación de todos los detenidos en los diferentes calabozos y celdas de la Brigada de Investigaciones.

LOS ULTIMOS ENCUENTROS CON MANUEL
La testigo contó sobre las últimas veces que pudo ver y hablar con Manuel, su marido. Expresó que en la Brigada estaban juntos en el tercer calabozo hasta que en cierta oportunidad lo llevaron a Misiones, “junto con Franzen y Perié”, con intenciones de trasladarlo a Paraguay. La segunda y última vez fue en la Alcaidía, gracias a gestiones de un monseñor y un cura, días antes en que María fuera llevada en un avión Hércules a la cárcel de Devoto. “Fueron unos segundos, ni hablamos y solo lo vio a su hijo”, recordó.

DESTINO INCIERTO
Una situación que María contó con marcado énfasis fue lo que quizás fue un aviso de lo que iba a suceder en menos de un mes. El 19 de noviembre en pleno operativo de embarque sucedió algo que le llamó la atención. “Estaban pasando lista de las detenidas que íbamos rumbo a Devoto pero cuando me llamaron, lo hicieron por el apellido de casada Parodi Ocampo; entonces escuché una voz que decía: esta va a Formosa. Pero otro lo corrige y me suben al avión con mi hijo”.

LIBERTAD AMARGA
Antes de lograr su libertad, todavía presa, el 22 de diciembre recibió a sus padres que le dan la peor noticia: una notificación del Ejército decía que producto de un enfrentamiento en medio del traslado de presos a Formosa, Manuel había perdido la vida. El acta de defunción, recibida días después por sus suegros, confirmaba que su deceso había sido provocado por heridas de bala.

En el 78`recién llegaría el fin del cautiverio para María que fue trasladada nuevamente a Resistencia, donde un Consejo de Guerra la declaró libre de cargo y a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. “En la cárcel del Bueno Pastor en Corrientes me hacen firmar una serie de papeles y me dan la libertad, vuelvo a Misiones pero cada 3 meses debía volver a Corrientes a firmar la libertad vigilada”, finalizó.