Militancia contra la impunidad
El clima durante la mañana de la segunda audiencia del juicio por la Masacre en Margarita Belén pasó de frío con neblina londinense a despejado con un cielo celeste sin rastro de nubes durante el medio día.
De todos modos, ni el frío ni la molestia de la lluvia hicieron mella en la convocatoria de los familiares y militantes que acompañaron el juicio desde la calle cortada al tránsito, con la presencia de los militantes masacrados, retratados en banners, que describen sus historias de vida, resultado de la labor del Registro Único por la Verdad de la Comisión Provincial por la Memoria.
La lectura del requerimiento de la querella, una descripción del plan orquestado por el personal jerárquico y subalterno de las fuerzas armadas para perpetrar la matanza de una veintena de jóvenes detenidos políticos en un paraje sobre la ruta 11, camino a Margarita Belén, sometidos a una intensa sesión de tortura durante toda la noche que precedió al fusilamiento clandestino, fue seguida con atención por la gente instalada en la vereda del Tribunal Oral Federal, a través del televisor de plasma instalado por la Dirección de Cine y Espacio Audiovisual del Instituto de Cultura, convenientemente cubierto por un nylon por militantes de H.I.J.O.S.
Muchos acordaron la utilidad de la medida, esperan su continuidad a lo largo de todo el juzgamiento y se preguntan si podrá hacerse algo parecido con la Causa Caballero.
Para las 11, el cielo se despejó completamente, y varios tuvieron que sacarse de encima camperas y abrigos porque el sol comenzó a picar un poco por el ascenso de la temperatura y otro poco por la impaciencia de cada mediodía cuando llegar el turno del tradicional “escrache” a la camioneta que se lleva los genocidas de regreso a la U7.
Para la ocasión, un grupo de manifestantes realizó un “piquete” que demoró unos minutos la partida del móvil del Servicio Penitenciario Federal. Cada salida de los genocidas del TOF es una situación de tensión y euforia que mueve el sentimiento de familiares y amigos de las víctimas.
Puede verse en el lugar muchas caras sonrientes, alegres por el juzgamiento, mientras sonaban primero la marcha peronista, y luego varias canciones de protesta y memoria a todo volumen, con los gritos y el estruendo de los cohetes de fondo, y también miradas con un dejo de tristeza y la foto en blanco y negro de uno de los masacrados apretujada bien cerca del pecho.
Las miradas se concentraron sobre las fotos de los imputados colgadas en varios puntos estratégicos y también sobre un gigantesco muñeco de cartón, obra de los artistas Alejandro Gallardo y Juan Britos, que tiene unos dos metros de alto, provisto de una gorrita militar, con un rostro que asemeja el de un gorila, con un hocico provisto de largos colmillos, unas orejas largas como las de Martínez de Hoz, y dos brazos larguísimos que terminan cada uno en sendas picanas, convenientemente esposadas. Por si faltara algo más en sobre el pecho de la bestia puede leerse una frase que sintetiza todo: “Soy la impunidad”.
Por Gonzalo Torres
La lectura del requerimiento de la querella, una descripción del plan orquestado por el personal jerárquico y subalterno de las fuerzas armadas para perpetrar la matanza de una veintena de jóvenes detenidos políticos en un paraje sobre la ruta 11, camino a Margarita Belén, sometidos a una intensa sesión de tortura durante toda la noche que precedió al fusilamiento clandestino, fue seguida con atención por la gente instalada en la vereda del Tribunal Oral Federal, a través del televisor de plasma instalado por la Dirección de Cine y Espacio Audiovisual del Instituto de Cultura, convenientemente cubierto por un nylon por militantes de H.I.J.O.S.
Muchos acordaron la utilidad de la medida, esperan su continuidad a lo largo de todo el juzgamiento y se preguntan si podrá hacerse algo parecido con la Causa Caballero.
Para las 11, el cielo se despejó completamente, y varios tuvieron que sacarse de encima camperas y abrigos porque el sol comenzó a picar un poco por el ascenso de la temperatura y otro poco por la impaciencia de cada mediodía cuando llegar el turno del tradicional “escrache” a la camioneta que se lleva los genocidas de regreso a la U7.
Para la ocasión, un grupo de manifestantes realizó un “piquete” que demoró unos minutos la partida del móvil del Servicio Penitenciario Federal. Cada salida de los genocidas del TOF es una situación de tensión y euforia que mueve el sentimiento de familiares y amigos de las víctimas.
Puede verse en el lugar muchas caras sonrientes, alegres por el juzgamiento, mientras sonaban primero la marcha peronista, y luego varias canciones de protesta y memoria a todo volumen, con los gritos y el estruendo de los cohetes de fondo, y también miradas con un dejo de tristeza y la foto en blanco y negro de uno de los masacrados apretujada bien cerca del pecho.
Las miradas se concentraron sobre las fotos de los imputados colgadas en varios puntos estratégicos y también sobre un gigantesco muñeco de cartón, obra de los artistas Alejandro Gallardo y Juan Britos, que tiene unos dos metros de alto, provisto de una gorrita militar, con un rostro que asemeja el de un gorila, con un hocico provisto de largos colmillos, unas orejas largas como las de Martínez de Hoz, y dos brazos larguísimos que terminan cada uno en sendas picanas, convenientemente esposadas. Por si faltara algo más en sobre el pecho de la bestia puede leerse una frase que sintetiza todo: “Soy la impunidad”.
Por Gonzalo Torres