La guerra de los gestos
04/06/2010
Con una lectura mucho más fluida, se terminó de leer ayer la requisitoria de la querella e incluso el auto de elevación a juicio del juez Federal Carlos Skidelsky. Cruces de miradas, señas y alguna palabra por lo bajo.

Una rápida y ágil lectura permitió ayer al Tribunal Oral Federal avanzar y cumplir con la lectura de las requisitorias y del auto de elevación a juicio oral y público de la causa por la Masacre en Margarita Belén, en unas cuatro horas, la mitad de las cuales estuvieron signadas por una batalla gestual entre familiares e, incluso, los imputados.
Como un partido de fútbol, la audiencia puede dividirse en dos tiempos: uno, en las primeras dos horas y media a partir del inicio; el otro, cuando se retoma la lectura tras el cuarto intermedio, con un entretiempo que también aportó sus propios matices.
Los nueve imputados (los ex militares: Gustavo Athos Rennes, Horacio Losito, Aldo Héctor Martínez Segón, Jorge Daniel Rafael Carnero Sabol, Ricardo Guillermo Reyes, Germán Emilio Riquelme, Ernesto Jorge Simoni y Luis Alberto Patetta y el ex policía: Alfredo Chas) cambiaron sus ubicaciones.
Alguno prefirió taparse de las cámaras de foto y evitar una filmación directa. Otros, confrontaron con los reporteros: “Sacá una buena foto de perfil”, dijo Losito. A los familiares de los imputados les molesta tanta exposición mediática.
CRUCES
El público comenta entre sí los entretelones en voz baja. Pero de un lado a otro de la sala (irónicamente, a la izquierda del Tribunal: los imputados y su familia, a la derecha: Fiscalía, querella y familiares de las víctimas) se desarrolla otra batalla: de miradas, gestos, cruces, provocaciones, etcétera.
Desde apoyar el mentón sobre la mano dejando sólo visible el dedo mayor (clara alusión de fuck you) hasta inequívocos intercambios gestuales. La mirada de los imputados se posa indisimuladamente en las familias de las víctimas y viceversa.
En uno de esos cruces un familiar ofrece, desde el gesto, un mate a Losito. Ahuecando su mano, el militar parece aceptarlo pero también es un viejo gesto para decir a alguien boludo. Las devoluciones de gentilezas vienen y van, hasta que todo termina cuando Losito, como los romanos, bajó el pulgar.
Todo era seguido por un incrédulo Simoni, que esquivaba la columna que le obstaculizaba la visión para poder otear mejor la escena. Como directoras de cine, las mujeres indican a sus hombres cuando las cámaras de la Dirección de Cine del Instituto de Cultura (a pedido del INCAA) registran a los imputados. Algunas también
El murmullo intenso que para ese momento ganaba la sala de audiencias del tercer piso del Tribunal Oral Federal fue aplacado por el llamado al orden del juez Ramón Luis González.
Luego, vino el cuarto intermedio. Por lo bajo, mientras las familias se cruzaba en el pasillo que va al baño o en el balcón que sirve de fumadero, vinieron roces verbales por lo bajo, como una mujer que acusó al abogado querellante Mario Bosch de usar una corbata “payasezca”, a lo que respondió con un simple gracias”.
RÁPIDO
Al regreso del cuarto intermedio, la presidenta del Tribunal, Gladys Yunes puso las cosas en su lugar y se terminaron el mate, el murmullo, los gestos y las miradas. El rápido avance de la lectura contribuyó a que la tensión se concentrara en escuchar el relato.
Se leyó la requisitoria de los querellantes Mario Bosch y Pedro Dinani –que se incorporó ayer-. Incluso se completó la lectura del auto de elevación a juicio del juez Federal, Carlos Skidelsky, cuya redacción clara y precisa facilitó el trabajo de la Secretaría.
De esta manera, el Tribunal decidió tomarse un receso para retomar las audiencias el miércoles, a las 8.30. El inicio de la jornada será clave para saber cómo evolucionará este juicio oral y público por la Masacre en Margarita Belén. Para hacer el aguante en la verdad, se promete que se hará serigrafía en la calle con diseños de afiches, por lo que los interesados deben llevar remera.
Afuera, militantes, familiares, artistas y curiosos esperaban en la verdad y en la calle –sentados en sillas de plástico y sosteniendo carteles con la imagen de las víctimas de la Masacre- la salida de los imputados.
04/06/2010
Con una lectura mucho más fluida, se terminó de leer ayer la requisitoria de la querella e incluso el auto de elevación a juicio del juez Federal Carlos Skidelsky. Cruces de miradas, señas y alguna palabra por lo bajo.

Una rápida y ágil lectura permitió ayer al Tribunal Oral Federal avanzar y cumplir con la lectura de las requisitorias y del auto de elevación a juicio oral y público de la causa por la Masacre en Margarita Belén, en unas cuatro horas, la mitad de las cuales estuvieron signadas por una batalla gestual entre familiares e, incluso, los imputados.
Como un partido de fútbol, la audiencia puede dividirse en dos tiempos: uno, en las primeras dos horas y media a partir del inicio; el otro, cuando se retoma la lectura tras el cuarto intermedio, con un entretiempo que también aportó sus propios matices.
Los nueve imputados (los ex militares: Gustavo Athos Rennes, Horacio Losito, Aldo Héctor Martínez Segón, Jorge Daniel Rafael Carnero Sabol, Ricardo Guillermo Reyes, Germán Emilio Riquelme, Ernesto Jorge Simoni y Luis Alberto Patetta y el ex policía: Alfredo Chas) cambiaron sus ubicaciones.
Alguno prefirió taparse de las cámaras de foto y evitar una filmación directa. Otros, confrontaron con los reporteros: “Sacá una buena foto de perfil”, dijo Losito. A los familiares de los imputados les molesta tanta exposición mediática.
CRUCES
El público comenta entre sí los entretelones en voz baja. Pero de un lado a otro de la sala (irónicamente, a la izquierda del Tribunal: los imputados y su familia, a la derecha: Fiscalía, querella y familiares de las víctimas) se desarrolla otra batalla: de miradas, gestos, cruces, provocaciones, etcétera.
Desde apoyar el mentón sobre la mano dejando sólo visible el dedo mayor (clara alusión de fuck you) hasta inequívocos intercambios gestuales. La mirada de los imputados se posa indisimuladamente en las familias de las víctimas y viceversa.
En uno de esos cruces un familiar ofrece, desde el gesto, un mate a Losito. Ahuecando su mano, el militar parece aceptarlo pero también es un viejo gesto para decir a alguien boludo. Las devoluciones de gentilezas vienen y van, hasta que todo termina cuando Losito, como los romanos, bajó el pulgar.
Todo era seguido por un incrédulo Simoni, que esquivaba la columna que le obstaculizaba la visión para poder otear mejor la escena. Como directoras de cine, las mujeres indican a sus hombres cuando las cámaras de la Dirección de Cine del Instituto de Cultura (a pedido del INCAA) registran a los imputados. Algunas también
El murmullo intenso que para ese momento ganaba la sala de audiencias del tercer piso del Tribunal Oral Federal fue aplacado por el llamado al orden del juez Ramón Luis González.
Luego, vino el cuarto intermedio. Por lo bajo, mientras las familias se cruzaba en el pasillo que va al baño o en el balcón que sirve de fumadero, vinieron roces verbales por lo bajo, como una mujer que acusó al abogado querellante Mario Bosch de usar una corbata “payasezca”, a lo que respondió con un simple gracias”.
RÁPIDO
Al regreso del cuarto intermedio, la presidenta del Tribunal, Gladys Yunes puso las cosas en su lugar y se terminaron el mate, el murmullo, los gestos y las miradas. El rápido avance de la lectura contribuyó a que la tensión se concentrara en escuchar el relato.
Se leyó la requisitoria de los querellantes Mario Bosch y Pedro Dinani –que se incorporó ayer-. Incluso se completó la lectura del auto de elevación a juicio del juez Federal, Carlos Skidelsky, cuya redacción clara y precisa facilitó el trabajo de la Secretaría.
De esta manera, el Tribunal decidió tomarse un receso para retomar las audiencias el miércoles, a las 8.30. El inicio de la jornada será clave para saber cómo evolucionará este juicio oral y público por la Masacre en Margarita Belén. Para hacer el aguante en la verdad, se promete que se hará serigrafía en la calle con diseños de afiches, por lo que los interesados deben llevar remera.
Afuera, militantes, familiares, artistas y curiosos esperaban en la verdad y en la calle –sentados en sillas de plástico y sosteniendo carteles con la imagen de las víctimas de la Masacre- la salida de los imputados.