19/08/2010 -Masacre de Margarita Belén - Juicio oral – día 21
Desaparición en el cementerio
Según la testigo Norma Godoy de Arias, ex administrativa del cementerio, la desaparecida es su compañera Carmen Ferreira. La experiencia del ex preso político “Mencho” Campos de tener a su ex abogado defensor sentado en el banquillo de los acusados.

Con la ya costumbre de testigos que faltan o cuyo paradero no se encuentra, comenzó ayer el juicio oral y público por la Masacre de Margarita Belén, en la que se confirmó lo adelantado por este medio: no se pudieron encontrar las fotos del pos fusilamiento del 13 de diciembre de 1976.

Más grave aún, por Secretaría del Tribunal Oral Federal (a cargo de María Lucía Frangioli y Francisco Rondán) se supo que en la División Criminalística se quema toda documentación con más de diez años de archivo.

Ya a los testigos: abrieron la ronda de testigos los ex presos Julio Cossio y Jorge Campos (ambos es JP Regional 4ª). Por ironía del destino, “Mencho” Campos tuvo como abogado defensor al imputado Aldo Martínez Segón, cuando en 1979 fue sometido a Consejo de Guerra en el Regimiento de la Liguaria. El ayer defensor, hoy está sentado en el banquillo de los acusados. El ex preso político condenado en la década del 70; en 2010, es testigo en la causa.

Más tarde, llegó la empleada municipal Norma Godoy de Arias, con una reveladora declaración. Afirmó que la empleada municipal del cementerio Carmen “Pelusa” Ferreira y su esposo permanecen desaparecidos, desde poco tiempo después de que las víctimas de la Masacre fueran enterradas a la madrugada.

Para el final, Raúl Hipper, carpintero con 64 años y dos accidentes cerebrovasculares de por medio, se vio en apuros por olvidar su declaración ante el juez Carlos Skidelsky, durante la instrucción, e incurrir en gruesas contradicciones. Lo salvó la atinada intervención del fiscal Germán Wiens Pinto.

DESAPARICIONES EN EL CEMENTERIO
Norma Godoy de Arias fue otra testigo que hizo reveló datos clave. La afirmación más explosiva: la desaparición de una empleada municipal.

Lo declaró en este contexto: en principio, visiblemente nerviosa, pero a la vez clara cada vez que tenía que responder preguntas. Relató que el 15 de diciembre de 1976 tuvo que asentar en los libros que diez cuerpos fueron enterrados en horas de la madrugada.
“No es común, siempre los servicios son en el horario de atención que comienza después de las 6. Lo hicieron a la madrugada. Lo obligaron al capataz Centurión (fallecido) a cavar”, narró.

Fue el mismo Centurión el que confeccionó los papeles de donde Godoy copió lo que iba asentado en los libros, con varios NN. El mismo capataz le contó a Norma que enterraron cuerpos en bolsas y en cajones cerrados. “A los que estaban en bolsas, los enterraron así nomás, no tenían ni una cruz para identificarlos”, contó la mujer, que de todas maneras aclaró que a las administrativas –como su caso- no la dejaban acercarse a esa parte del San Francisco Solano.

Lo que vino después fue un calvario: “Estábamos bajo amenazas de militares. Vos nos digas nada porque vas a tener problemas o te va a pasar como a ellos, me dijo Centurión”, relató.

Según Norma, los trabajadores eran perseguidos hasta sus domicilios y llegaron a colocar en la administración del cementerio a un militar: “El negro” Juárez (una pista sobre su posible paradero la dio el fiscal ad hoc Carlos Amad), quien controlaba todo el movimiento.

El siniestro cuadro se completa con la desaparición de su compañera “Pelusa” Ferreira. Con esa presión, Godoy renuncia como administrativa del cementerio en 1981, para ser reincorporada a la comuna capitalina hace cinco años.
Antes de renunciar, recuerda que “se entregaron cuerpos a los familiares, o nosotros suponíamos que lo eran. Muchos otros siguen ahí” en el cementerio, finalizó su declaración.

Como en la vigésima jornada, el defensor Carlos Pujol, con su particular estilo, cruzó ayer a la testigo: “Según un informe de la Municipalidad de Resistencia, Godoy nunca trabajó” en el cementerio “San Francisco Solano”.

Chisporroteo entre la defensa, los querellantes, fiscales y jueces. Finalmente, la testigo se pudo retirar de la sala de audiencias y, ahora, la Defensa deberá probar sus dichos.

Por Marcos Salomón