20/08/2010 - Causa Caballero: Juicio Oral - Día 21
“El Cabo Sotelo organizó una orgía con detenidas”

Lo dijo el periodista Luis Alarcón. Aclaró que las mujeres fueron obligadas al aberrante acto en la Brigada. También declararon Luis Albano Rossi y José Luís Núñez. El lunes continúa la causa con el testimonio de Miguel Angel Molfino y seis testigos.

La vigésimo primera jornada del juicio oral por la Causa Caballero, fue ágil como nunca antes. Declararon tres “Luises” todos ex detenidos por razones políticas: comenzó Rossi, con una prolija descripción de su detención en la Brigada y la Alcadía; siguió Núñez, que habló sobre lo que le contaron en la U7 los presos que llegaban desde la Brigada, y cerró el periodista Alarcón, que relató los abusos de José Marín –alias “Cabo Sotelo”- a grupos de mujeres detenidas y cómo desde el Poder Judicial se legitimó el terrorismo de Estado.

No hubo cruces ni descarga de artillería entre querella – fiscalía, defensa y juez, es más, hasta la declaración de Alarcón casi no hubo preguntas. Rossi habló y fue desocupado sin consultas ni pedidos de “aclaraciones” de ningún tipo y Núñez, con un impresionante parecido al diputado Carlos Martínez, declaró en 10 minutos y fue interrogado una sola vez.

El testimonio del correntino José Luis Núñez fue el más breve de la jornada y posiblemente, de toda la causa: en 10 minutos contó lo que pudo escuchar sobre la temible Brigada en los dos años que estuvo detenido en la U7. “Todos contaban que el trato era humillante, y los torturadores más nombrados eran Manader y Thomás”, acotó.

La causa continuará el lunes, cuando se reiniciarán los debates con los testimonios de Víctor Hugo Arroyo, Mario Horacio Pezzelato, Juan Pedro Coronel, Adolfo Adrián Coronel, Antonio Heraldo Prieto, Roberto Antenor Gauna, y el escritor y periodista Miguel Ángel Molfino. En este capítulo de la saga Caballero, el protagonismo lo tendrán las caídas de militantes durante el año 1977.

ORGÍAS
El testimonio de Alarcón fue expeditivo y centrado exclusivamente en lo que pudo ver o escuchar, y se negó a decir cosas que no pudiera sostener con seguridad. Aún así, los gravísimos hechos que relató eximen a cualquiera de la necesidad de exagerar. Fue detenido el 27 de mayo de 1976, en la redacción del diario Crisol, por un grupo de civiles en razón de su “militancia en agrupaciones secundarias” y estuvo detenido en la Brigada, la Alcaidía, la U7 y otros penales del país hasta su liberación desde Rawson en 1983.

En la Brigada, sufrió la picana eléctrica y las palizas de la patota que integraban Carlos Silva Longui, Gabino Manader, José María Cardozo, Ramón Esteban Meza y Marín (alias “Cabo Sotelo”) y reveló los extremos a los que puede descender la naturaleza humana cuando desconoce la dignidad de otros semejantes.

“El cabo Sotelo organizó una suerte de orgía con detenidas”, afirmó, y se apresuró a remarcar, como si hiciera falta, que las mujeres “eran obligadas por las circunstancias”. Mientras tanto, Marín se hundía en su silla, buscando escondite detrás de las anchas espaldas de Lucio Humberto Caballero.

Los dichos de Alarcón coinciden con lo manifestado anteriormente por la diputada nacional Elsa Quiroz en la causa: “La tortura era un divertimento de varios”, señaló en esa ocasión y relató el caso de un detenido al que obligaron a desnudarse y tirarse encima de una mujer y a quienes les “dirigían la situación”.

Antes Alarcón había contado los casos de madres detenidas en la Brigada; María Teresa Pressa (embarazada, esposa de Manuel Parodi Ocampo, asesinado en la Masacre de Margarita Belén) Graciela de la Rosa, (embarazada, compañera de Patricio Blas Tierno, otro masacrado) y Nora Valladares (18 años de edad, con un bebe de meses). Contó cómo una vez los guardias le dijeron que llevara al baño a Nora Valladares, “porque no podía caminar y había perdido el habla por las torturas recibidas”.

Relató que en la Brigada prestó declaración ante el juez Luis Ángel Córdoba y el secretario Domingo Mazzoni, “pocos pasos de la sala de tortura” y en presencia de Silva Longhi. “El juez era parte de ese sistema represivo” sentenció.

Córdoba falleció, Mazzoni fue secretario del juzgado federal de Resistencia desde mayo de 1974 hasta agosto de 1976, cuando fue nombrado fiscal, puesto desde el que persiguió a muchos detenidos, tal el caso de Hugo Barúa secuestrado y torturado en su domicilio por los imputados Manader y Cardozo (fallecido) ante la presencia del funcionario judicial.

BAJO TORTURA
“Fui detenido el 6 ó 7 de septiembre de 1975 por personal de la Brigada de civil”, arrancó Luis Albano Rossi, que habló demostrando mucha seguridad, y dio una detallada descripción de un interrogatorio bajo tortura.

Fue interrogado por el secretario del Juzgado Federal Carlos Flores Leyes dos veces. La primera vez, el funcionario judicial le hizo las mismas preguntas que sus torturadores y lo amenazó con 10 años de cárcel. La segunda. lo careó con la detenida Rosa Alcaraz, destruida física y psicológicamente por los vejámenes a los que fue sometida.

En la Brigada le ponen un pulóver en la cabeza y le pegan trompadas y gomazos en las piernas, para ablandarlo. Después, comenzaron las preguntas.

- ¿Dónde están los fierros?- (piñas).

- ¿Dónde está Lucía Gómez? (actualmente desaparecida, y más piñas).

Cómo no contestaba, le bajaron la camisa y los pantalones. Primero le pasaron electricidad al voleo, y de manera intermitente, hasta darle más precisión al castigo y concentrar la tortura en los testículos y las tetillas. Un buen rato así, hasta que de alguien dijo: “Este es un perejil” y Rossi recibió un puñetazo en la mandíbula que lo desvaneció.
Despertó sobre un colchón, siendo pateado por un policía que le decía: “Levantate”. Le sacó la venda y las esposas y lo llevó al baño para que se limpie un poco. “A este le dieron con todo”, escuchó que comentaban otros agentes presentes en el lugar.

Cuando el testigo relató como lo castigaron con piñas y patadas después de insistir en que lo dejen ir al baño señalando a los dos últimos como los pegadores más enérgicos, el grandote Galarza intentó esconderse, sin lograrlo, mientras que Roldán, en la primera fila, solo atinó a reír nerviosamente.

Manader: un James Bond con picana
Cuando al periodista Luis Alarcón lo llevaron a la Brigada, lo primero que hicieron fue vendarlo y después, fajarlo. Al tiempo, cuando llegó el momento de montar la farsa legal y tomarle una declaración, sus sagaces captores le sacaron la venda. Así, la víctima pudo relacionar los rostros con las voces que escuchó durante los golpes y la aplicación de corriente eléctrica.

Relató que Silva Longhi era fácil de indentificar por su voz grave, inconfundible “de artista de radioteatro” y de Manader dijo que era muy expresivo, “se hacía notar como una persona más importante de lo que en verdad era, sobreactuaba su rol de agente en lo que ellos llamaban la lucha contra la subversión, como James Bond”.

La partida de ajedrez inconclusa
Luis Alarcón recordó, de su paso por la Alcaidía, entre agosto y noviembre de 1976, el aguante de Patricio Tierno (militante oriundo de La Plata, asesinado en la Masacre de Margarita Belén) ante los apremios ilegales.

Una vez, se lo encontró con los pies muy magullados por el castigo de la picana, y cuando le preguntó cómo se sentía, el platense le restó importancia y hasta se permitió bromear: “Estuve en los jueguitos electrónicos.

El 12 de diciembre, estaban jugando al ajedrez cuando llegó la orden de traslado para Tierno. “Se puso de pie y me dijo: ‘este es el final para mí”. Alarcón intentó creer otra cosa, para darle y darse ánimo; le habló de la posibilidad de que se tratase de una visita, algo sumamente improbable, “las piezas de ajedrez quedan sin tocar, hasta la próxima partida” le dijo, y nunca más volvieron a verse.

Informe: Gonzalo Torres
Edición: Marcos Salomón