Lo reconoció Campos, que estuvo en la U7 cuando trasladaron a las víctimas
Martínez Segón, implicado en la causa de Margarita, fue defensor de un testigo en el Consejo de Guerra
20/08/2010 - La cita corresponde al ex preso político Jorge Campos, que fue preso durante la dictadura militar y permaneció en la Unidad 7 de Resistencia cuando trasladaron a las que luego fueron algunas de las víctimas de la masacre en Margarita Belén.


Ayer se presentó como testigo en la causa que investiga el fusilamiento de más de 20 presos políticos el 13 de diciembre de 1976, conocida como Masacre de Margarita Belén, y por el cual están implicados ocho ex militares y un ex policía de la provincia, Jorge Campos, que actualmente es empleado municipal, y la frase fue la respuesta a una pregunta realizada por uno de los abogados de los defensores, porque Campos manifestó que el día antes de la masacre, cuando se sacaron a algunos detenidos para un supuesto traslado, notaron la presencia del ejército en las inmediaciones de la U7, (donde él se encontraba preso), más precisamente sobre las pasarelas donde se encuentran las garitas de los guardias.
“¿Cómo era el uniforme militar que observó?”, fue la pregunta, a lo que dijo simplemente que era verde y cuando se pidió la especificación sobre cómo reconoció que era gente del ejército, refirió que conocía el uniforme porque “acá se encuentra presente quien fue mi defensor en el Consejo de Guerra, Martínez Segón”, nada más y nada menos que uno de los implicados en la causa y que hoy se sienta en el banquillo de los acusados. Fue en este momento tan particular en que la sala entera no pudo contener la risa por la sinceridad y claridad del testigo ya que no se esperaba semejante respuesta.
Los consejos de guerra se realizaban durante la dictadura militar específicamente a los presos políticos mediante los cuales generalmente se los condenaba por delitos que ignoraban o bien por cuestiones poco claras. De quienes declararon en la Causa Margarita Belén y estuvieron detenidos en aquella época, la mayoría estuvo sometido a estos enjuiciamientos y por los cuales se los condenaba hasta por 20 años de prisión en algunos casos, aunque con la llegada de la democracia, en 1983, estas sentencias quedaron totalmente nulas.
De hecho, a Campos se le aplicó un Consejo de Guerra en julio de 1979, un mes después de haber sido liberado. En esta oportunidad se le informó que se encontraba a disposición del Área 233 y fue conducido hasta la sede del Regimiento de La Liguria, donde un grupo de militares lo enjuició.
Mucho antes de este acontecimiento, el testigo comenzó su relato comentando que estuvo detenido en la Brigada de Investigaciones, donde sufrió las torturas y el tormento junto a Tierno, Franzen, Parodi Ocampo y Cuevas, todos ellos luego víctimas de la masacre y con el correr de su declaración, las ansias y quizás los nervios mismos por recordar situaciones pasadas que fueron del todo tormentosas, es que Campos mientras agarraba el micrófono con la mano derecha se refregaba constantemente la pierna izquierda con la otra mano.
Según indicó, las mismas personas antes nombradas fueron a las que se las sacó de la U7 el 12 de diciembre para ser “trasladadas”, y del pabellón Nº 4 a Duarte, también asesinado, en tanto que Cuevas caminaba con dificultad por haber sido herido de bala en una de sus piernas.
Campos fue el segundo en declarar durante la jornada de ayer, antes lo había hecho Julio Cossi,o detenido en 1975 y que también estuvo en la U7 el día que trasladaron a los presos políticos. Su testimonio fue bastante emotivo, lo que quedó claro cuando realizaba largas pausas antes de recordar lo que le tocó vivir.
“Es muy probable que termine en la muerte”, le había dicho Néstor Salas, que se encontraba en el Pabellón Nº 1 aquel 12 de diciembre de 1976, en tanto que de otros pabellones salieron Tierno, Barco y “el Negro” Duarte. Días posteriores, logró completar la lista de quienes fueron sacados de allí con el nombre de Parodi Ocampo.
Con estas declaraciones iban tomando protagonismo cada vez más los familiares de los acusados, como los mismos implicados en la causa, que negaban o asentían ante lo que escuchaban. Lo que aparentemente no podían creer eran las condiciones en que se realizaban los traslados, que, para el testigo y con semejante rigurosidad, “no creo que haya un delirante que haya intentado una fuga”, ante la pregunta de esta posibilidad por parte de la defensa.

La Bemba y Losito
Pero lo que aparentemente terminó de sacar de las casillas a Horacio Losito, (uno de los acusados), fue la explicación y el ejemplo que el ex detenido dio con la palabra “Bemba”, que en la jerga carcelaria significa rumor, o bien un trascendido que se puede llegar a escuchar en el penal y que corre de boca en boca de los presos.
Es que Cossio puso el siguiente ejemplo: “Supongamos que corre el rumor de que afuera hay un jugador de fútbol que `la rompe´ y que se llama Maradona”, eso es una “bemba”, una información que no es oficial pero que es escuchada y reproducida por varias personas. En este momento el bigote del acusado pareció abrirse en dos y dejó ver la boca y los dientes de un Losito que pocas veces muestra algún gesto particular, en una carcajada casi muda, tal vez porque esperaba quizás otro ejemplo que no tuvo.

Amenazada para no hablar
Sorprendió a toda la audiencia también el testimonio del tercer testigo de la jornada de ayer: Norma Godoy, que tuvo que renunciar en 1981 a su trabajo por las amenazas que recibía, ya que conoció acerca de un episodio “raro” en el cementerio donde prestaba servicio. El 15 de diciembre de 1976, quien era su capataz, un hombre de apellido Centurión, (hoy fallecido), comentó que fueron ingresados durante la madrugada cuerpos en bolsas plásticas y otros en cajones y que fueron enterrados esa misma noche, traídos por personal militar.
Según indicó, los mismos se encontrarían en la Sección G, Nº 12 y 8 del cementerio pero al poco tiempo del hecho, aseguró que hubo un militar de apellido Juárez y apodado “el negro”, que constantemente concurría para vigilar y controlar hasta de lo que hablaban los empleados.
Sin embargo, impactó aun más lo que manifestó al tribunal acerca de una persona que trabajaba con ella y que hoy en día estaría desaparecida, porque nunca más supieron su paradero. Se trata de Carmen Ferreira, apodada “Pelusa”, de quien primero desapareció su esposo y luego ella, todo esto tras aquel episodio en que trajeron los cuerpos.
Finalmente fue el turno de Daniel Hipper, este carpintero de 64 años que si bien no recordaba haber declarado en la causa ante el juez federal Skidelsky en 2005, luego de que se le haya mostrado la firma del documento, rememoró, aunque algunas cosas con menos precisiones, algo que justificó porque refirió haber sufrido un accidente cerebro vascular.
Cerca de las 13.30 concluyó su declaración, en medio de fuertes encontronazos entre las partes y que finalmente tuvo una salida considerada como la más adecuada, por parte del fiscal Germán Wiens Pinto, quien manifestó que por la condición de salud, y teniendo en cuenta que ya había declarado ante un juez, se termine con su testimonio, algo que el tribunal también aceptó y el testigo se retiró de la sala. La audiencia pasó a un cuarto intermedio para el día 26 de agosto próximo.