Quieren que se cite a declarar a los agentes del Batallón 601
El Ministerio Público pidió al Tribunal Oral Federal el listado de los agentes civiles que colaboraban con la inteligencia del Ejército durante la dictadura. Una comitiva analiza las comunicaciones que hubo entre el Destacamento 124 y el Batallón 601.


En la audiencia de este miércoles del juicio oral por la Causa Caballero, el fiscal general, Germán Weins Pinto pidió nuevamente al Tribunal Oral Federal el listado de los agentes civiles del Destacamento de Inteligencia 124, con asiento en Resistencia, el cual respondía de manera directa al temible Batallón 601 de Inteligencia del Ejército. Esta solicitud la hizo con la intención de que se los cite a declarar como testigos en el juicio donde se ventilan las torturas y vejámenes ocurridos en centros clandestinos de detención en el Chaco entre 1975 y 1983.
El pedido del Ministerio Público Fiscal no es un paso en solitario. Según explicaron fuentes judiciales, por estas horas una comitiva constituida por funcionarios de la fiscalía, un juez de Cámara y un abogado de la defensa se encuentra en Buenos Aires en la sede central del Ministerio de Defensa de la Nación para indagar con quienes, cómo, cuándo y qué tipo de comunicaciones se daban entre el Destacamento 124, con asiento en Resistencia, y el Batallón 601. Esta información dará más pistas a la fiscalía para convocar a los agentes que hayan tenido información valiosa para la causa y, asimismo, desestimar la convocatoria de otros que no tuvieron acceso a datos sensibles sobre el accionar del Terrorismo de Estado en el Chaco.
Tal como lo publicó el 15 de agosto CHACO DIA POR DIA, fueron 98 los agentes civiles que reportaban desde el Chaco al temible Batallón 601 de Inteligencia durante la última dictadura militar. La mayoría de ellos (los que están con vida, al menos) tiene poco más de 55 años y casi todos tienen domicilio en Resistencia. Algunos pudieron barrer bajo la alfombra su pasado y en democracia continuaron desempeñándose como profesores universitarios (como el caso de la Directora del Departamento de Ingeniería en Sistemas de Información de la UTN, Mirtha Giovannini) o folcloristas, entre otras actividades. Siempre con bajo perfil.
Vale aclarar que la inclusión en la nómina del 601 no implica que los mencionados estén siendo investigados por la Justicia y mucho menos acusados de haber cometido crímenes de lesa humanidad. Pero todos fueron parte de la sección de Inteligencia de una de las fuerzas que gobernó el país en la dictadura. Y, dado el caso, sus testimonios podrían ser un importante aporte a las investigaciones por los delitos cometidos durante los años de plomo.
REPRESORES
Entre los que sí se comprobó que participaron directamente en la maquinaria del terror, se encuentra Alberto Horacio Valussi, fallecido impune en agosto de 2009, a los 68 años. Valussi, que en el listado del Batallón 601 tiene el inofensivo rol de “dactilógrafo”, está acusado de participar en sesiones de tortura, como las que sufrió el ex detenido político, Hugo Barúa.
Además está sindicado como uno de los que participó del secuestro en Posadas de Fernando Piérola, uno de los fusilados en la Masacre de Margarita Belén. Mientras reportaba para al Ejército, Valussi se mostraba a la sociedad como un simple profesor de historia que dictaba clases en el colegio Don Bosco y en la Universidad Nacional del Nordeste. El propio Barúa, ironías del destino, fue alumno de Valussi y lo reconoció mientras lo torturaba.
El listado del Batallón 601, que incluye 4.300 agentes, que lleva la firma del actual jefe de Inteligencia del Ejército, César Milani, fue entregado al juez Lijo por Ramón Torres Molina, titular del Archivo de la Memoria. Anteriormente, Torres obtuvo la nómina gracias al decreto 4/2010 firmado por la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner que desclasificó esa información a comienzos de este año.
La nómina total incluye los nombres de 1.599 personas que se desempeñaron como agentes civiles de inteligencia en el Batallón 601 y 2.353 que cumplieron tareas en distintos destacamentos y secciones en diferentes lugares del país. El documento se complementa con una lista de 345 militares. Se estima que sólo el 10% eran agentes con identidad cambiada.
Bajo la dictadura -y también desde tiempos previos- el Batallón 601 se especializaba en hacer inteligencia sobre todos aquellos grupos y personas consideradas subversivas, utilizando tácticas de infiltración, seguimientos, secuestros, torturas y desaparición final de sus cuerpos. Dependía de la jefatura II de la comandancia del Ejército y tenía destacamentos en todas las unidades que le reportaban directamente.
El Destacamento de Inteligencia 124 de Resistencia era una de esas dependencias castrenses. Con su base de operaciones por calle Brown al 100, el mismo tuvo varios jefes en su accionar durante la última dictadura: Armando Hornos (desde el 17 de noviembre de 1975); Herminio Quiroz (desde el 26 de noviembre de 1976); Roberto Martínez (desde el 27 de octubre de 1977); Ítalo César Pasquini (desde el 31 de octubre de 1979) y Dardo Herrera (desde el 30 de septiembre de 1981).