Ejecutados de un disparo en la nunca, a quemarropa
Así murieron dos de las víctimas del fusilamiento ocurrido el 13 de diciembre de 1976. Es lo que declaró Miguel Nievas, perito del EAAF, en una audiencia especialmente virulenta. Hoy restituyen los restos de Luis Díaz. “Lucho”, presente.
Fue una jornada larga y agotadora, con declaraciones de siete testigos, (uno por la querella y los restantes por la defensa) que ganó interés a medida que avanzaba y terminó pasadas casi siete horas después de haber empezado.
El protagonismo lo tuvo el trabajo realizado por el Equipo Argentino de Antropología Forense desde el año 2005 a la fecha para la identificación de los cuerpos NN de militantes asesinados en la Masacre de Margarita Belén.
Primero, un enfermero convocado al Regimiento de La Liguria a realizar pericias forenses a un grupo de cuerpos de asesinados y un suboficial encargado de reparar el camión acribillado el 13 de diciembre declararon que no vieron, ni oyeron, ni preguntaron, ni quisieron saber nada.
Después cuatro peritos de la defensa deslizaron tímidamente sus críticas al trabajo del EEAF. Justamente, en el final estuvo lo mejor; el licenciado en criminalística Miguel Nieva, del Equipo, realizó una exposición contundente y sin fisuras, y explicó las etapas del trabajo de investigación, exhumación y análisis de los restos óseos perteneciente a cinco asesinados en la Masacre de Margarita Belén.
Ellos son: Carlos Zamudio, Emma Cabral, Luis Díaz, Alcides Bosch y Carlos Duarte. El primero presentaba “una fractura de fémur izquierdo al momento de la muerte” y los dos últimos “orificios de bala en el cráneo, con una trayectoria desde atrás hacia adelante y de arriba hacia abajo”.
Hubo además escenas de pugilato verbal entre las partes que hicieron la delicia del público presente. “Están muy belicosos”, advirtió la presidenta del Tribunal Oral Federal, Gladys Yunes, aguantándose la risa, durante uno de los choques entre querella y defensa.
Hoy, a las 12, en la sede del Tribunal de calle Yrigoyen serán entregados los restos de Luís Díaz a su familia. Acto seguido será velado en la casa de sepelios Edymar en calle Güemes. A las 16.30, se realizará frente a la Casa por la Memoria “Ex Brigada de Investigaciones (Centro Clandestino de Detención)”, un acto de homenaje antes de su inhumación en el cementerio, 34 años después de su asesinato
EAAF
Nieva, perito forense oficial, claro y preciso, desarrolló su exposición con un power point y después contestó preguntas del Tribunal y las partes sobre su trabajo en octubre de 2005 y años posteriores.
Describió el estado de los cuerpos de Cabral, Díaz, Duarte (este último caso con una pericia realizada en julio pasado) Zamudio y Bosch.
Explicó el estado de los restos óseos y los distintos rastros de las heridas que encontró en ellos. Después de la exhumación se realizaron análisis en laboratorio: placas de radiografía y estudios de odontología entre otros exámenes.
En el caso de Lucho, se encontraron con un esqueleto muy degradado por el paso el tiempo, por lo cual no pudieron constatar lesiones. Las de Duarte y Bosch presentaban el cráneo con orificios compatibles con el ingreso de un proyectil. Pudo reconstruirse la trayectoria, lo cual develó que ambos fueron ejecutados desde atrás y a muy corta distancia. “Este tipo de lesiones, producto de ejecuciones, es típica en las exhumaciones que realizamos en el EAAF” contó Nieva.
Zamudio tenía una fractura perimortem en el fémur izquierdo. “Este tipo de lesiones se producen en el momento circundante a la muerte, antes, o muy poco después. El golpe tiene que haber venido desde adelante, se descarta que haya sido originada por un proyectil, y devela mucha energía”, precisó.
Trabajó en casos de crímenes de lesa humanidad de la última dictadura cívico militar junto con Juzgados de Resistencia, Sáenz Peña, Santa Fe, Bahía Blanca, entre otros. En el exterior, colaboró en Kosovo, Colombia, Paraguay, y Bolivia. Es docente en Rosario y en la UBA, en la carrera de posgrado de Medicina Legal.
En cuanto al protocolo que se sigue en los trabajos de exhumación afirmó:" Hacemos un trabajo científico, el protocolo señala la metodología a seguir, pero hay que adaptarse a las distintas condiciones de trabajo". En cuanto a la función de un geólogo opinó que su utilidad en el caso en cuestión es bastante nula, "sirve para localizar sepulturas clandestinas, pero en una exhumación no tiene mucho sentido".
EL ENFERMERO Y EL MILITAR
Eusebio Rodolfo Gómez, enfermero. Fue dubitativo: “Creo que trabajaba en sanidad policial el 13 de diciembre de 1976” arrancó. Era enfermero y secretario personal del Doctor Saénz, el médico que realizó una serie de pericias a una decena de cadáveres en el Regimiento de La Liguria. “No sé absolutamente nada”, dijo y explicó que se quedó en el patio de armas, sin penetrar en los galpones donde estaban los cuerpos.
Preocupado, aclaró “No participé en nada. Soy diácono, me enseñaron a vivir en paz y a decir la verdad”. Sin embargo negó saber, o haber visto algo de interés para develar la verdad de los hechos. Por declaraciones suyas anteriores pudo saberse que en el libro de registro de Sanidad aparecen asentada dos visitas al Regimiento, una con Sáenz y el enfermero Blas Verón, (cuando declaró dijo no recordad si había estado Gómez) y otra, más temprano, con el médico de la policía, imputado en la causa “Caballero 2” y testigo fallido Héctor Grillo.
El militar José Alfonso, retirado de 74 años, es suboficial mayor. En 1976 se encargaba de la columna de automotores de la compañía de Comunicaciones 7, bajo las órdenes del mayor Athos Rennes –imputado-. Con los hombros caídos y cierto desgano, respondió preguntas y contó lo poco que sabe.
Después del 13 de diciembre, le entregan un camión Mercedes Benz 11.14, lavado, sin toldo, con el costado izquierdo averiado por una balacera y un parabrisas o una puerta destrozada. Lo arregló y lo pintó. “Me dijeron que habían atacado la columna”. Es todo lo que sabe. Nunca preguntó nada más al respecto.
Recordó la existencia de una ambulancia Unimog y contó que el parque automotor quedaba cerrado en su ausencia. “La llave la tenía yo, y el duplicado estaba en el despacho de Rennes”.
Informe: Gonzalo Torres
Edición: Marcos Salomón
El protagonismo lo tuvo el trabajo realizado por el Equipo Argentino de Antropología Forense desde el año 2005 a la fecha para la identificación de los cuerpos NN de militantes asesinados en la Masacre de Margarita Belén.
Primero, un enfermero convocado al Regimiento de La Liguria a realizar pericias forenses a un grupo de cuerpos de asesinados y un suboficial encargado de reparar el camión acribillado el 13 de diciembre declararon que no vieron, ni oyeron, ni preguntaron, ni quisieron saber nada.
Después cuatro peritos de la defensa deslizaron tímidamente sus críticas al trabajo del EEAF. Justamente, en el final estuvo lo mejor; el licenciado en criminalística Miguel Nieva, del Equipo, realizó una exposición contundente y sin fisuras, y explicó las etapas del trabajo de investigación, exhumación y análisis de los restos óseos perteneciente a cinco asesinados en la Masacre de Margarita Belén.
Ellos son: Carlos Zamudio, Emma Cabral, Luis Díaz, Alcides Bosch y Carlos Duarte. El primero presentaba “una fractura de fémur izquierdo al momento de la muerte” y los dos últimos “orificios de bala en el cráneo, con una trayectoria desde atrás hacia adelante y de arriba hacia abajo”.
Hubo además escenas de pugilato verbal entre las partes que hicieron la delicia del público presente. “Están muy belicosos”, advirtió la presidenta del Tribunal Oral Federal, Gladys Yunes, aguantándose la risa, durante uno de los choques entre querella y defensa.
Hoy, a las 12, en la sede del Tribunal de calle Yrigoyen serán entregados los restos de Luís Díaz a su familia. Acto seguido será velado en la casa de sepelios Edymar en calle Güemes. A las 16.30, se realizará frente a la Casa por la Memoria “Ex Brigada de Investigaciones (Centro Clandestino de Detención)”, un acto de homenaje antes de su inhumación en el cementerio, 34 años después de su asesinato
EAAF
Nieva, perito forense oficial, claro y preciso, desarrolló su exposición con un power point y después contestó preguntas del Tribunal y las partes sobre su trabajo en octubre de 2005 y años posteriores.
Describió el estado de los cuerpos de Cabral, Díaz, Duarte (este último caso con una pericia realizada en julio pasado) Zamudio y Bosch.
Explicó el estado de los restos óseos y los distintos rastros de las heridas que encontró en ellos. Después de la exhumación se realizaron análisis en laboratorio: placas de radiografía y estudios de odontología entre otros exámenes.
En el caso de Lucho, se encontraron con un esqueleto muy degradado por el paso el tiempo, por lo cual no pudieron constatar lesiones. Las de Duarte y Bosch presentaban el cráneo con orificios compatibles con el ingreso de un proyectil. Pudo reconstruirse la trayectoria, lo cual develó que ambos fueron ejecutados desde atrás y a muy corta distancia. “Este tipo de lesiones, producto de ejecuciones, es típica en las exhumaciones que realizamos en el EAAF” contó Nieva.
Zamudio tenía una fractura perimortem en el fémur izquierdo. “Este tipo de lesiones se producen en el momento circundante a la muerte, antes, o muy poco después. El golpe tiene que haber venido desde adelante, se descarta que haya sido originada por un proyectil, y devela mucha energía”, precisó.
Trabajó en casos de crímenes de lesa humanidad de la última dictadura cívico militar junto con Juzgados de Resistencia, Sáenz Peña, Santa Fe, Bahía Blanca, entre otros. En el exterior, colaboró en Kosovo, Colombia, Paraguay, y Bolivia. Es docente en Rosario y en la UBA, en la carrera de posgrado de Medicina Legal.
En cuanto al protocolo que se sigue en los trabajos de exhumación afirmó:" Hacemos un trabajo científico, el protocolo señala la metodología a seguir, pero hay que adaptarse a las distintas condiciones de trabajo". En cuanto a la función de un geólogo opinó que su utilidad en el caso en cuestión es bastante nula, "sirve para localizar sepulturas clandestinas, pero en una exhumación no tiene mucho sentido".
EL ENFERMERO Y EL MILITAR
Eusebio Rodolfo Gómez, enfermero. Fue dubitativo: “Creo que trabajaba en sanidad policial el 13 de diciembre de 1976” arrancó. Era enfermero y secretario personal del Doctor Saénz, el médico que realizó una serie de pericias a una decena de cadáveres en el Regimiento de La Liguria. “No sé absolutamente nada”, dijo y explicó que se quedó en el patio de armas, sin penetrar en los galpones donde estaban los cuerpos.
Preocupado, aclaró “No participé en nada. Soy diácono, me enseñaron a vivir en paz y a decir la verdad”. Sin embargo negó saber, o haber visto algo de interés para develar la verdad de los hechos. Por declaraciones suyas anteriores pudo saberse que en el libro de registro de Sanidad aparecen asentada dos visitas al Regimiento, una con Sáenz y el enfermero Blas Verón, (cuando declaró dijo no recordad si había estado Gómez) y otra, más temprano, con el médico de la policía, imputado en la causa “Caballero 2” y testigo fallido Héctor Grillo.
El militar José Alfonso, retirado de 74 años, es suboficial mayor. En 1976 se encargaba de la columna de automotores de la compañía de Comunicaciones 7, bajo las órdenes del mayor Athos Rennes –imputado-. Con los hombros caídos y cierto desgano, respondió preguntas y contó lo poco que sabe.
Después del 13 de diciembre, le entregan un camión Mercedes Benz 11.14, lavado, sin toldo, con el costado izquierdo averiado por una balacera y un parabrisas o una puerta destrozada. Lo arregló y lo pintó. “Me dijeron que habían atacado la columna”. Es todo lo que sabe. Nunca preguntó nada más al respecto.
Recordó la existencia de una ambulancia Unimog y contó que el parque automotor quedaba cerrado en su ausencia. “La llave la tenía yo, y el duplicado estaba en el despacho de Rennes”.
Informe: Gonzalo Torres
Edición: Marcos Salomón