Mujeres salvadas por la niebla
Se trata de Elsa Quiroz y Nora Giménez de Valladares. Lo relató ayer la testigo Mirta Clara. El abogado Peco Tissenbaum comparó el fusilamiento en Chaco con la Masacre en Palomitas (Salta). La audiencia continúa hoy con dos testimonios.
Tal como lo hizo el martes en la Causa Caballero, la ex presa política Mirta Clara declaró ayer durante dos horas, pero esta vez en el marco del juicio oral y público por la Masacre en Margarita Belén, fraguado intento de fuga en la que fue fusilado su esposo, Néstor Carlos Sala.
El otro testigo que pasó ayer por los estrados fue Edwin “Peco” Tissenbaum, reconocido abogado del foro local y militante por los Derechos Humanos de dilatada trayectoria. Fue uno de los contados profesionales que aceptaron defender presos políticos durante la dictadura.
Las historias de Mirta –que llevaba un prendedor con la foto de Néstor en su saco- y Peco están íntimamente ligadas, ya que éste fue abogado de Clara durante su última etapa como presa política hasta lograr la libertad, ya casi con Raúl Alfonsín como presidente constitucional de los argentinos.
SALVADAS
El 19 de noviembre de 1976, fue un calvario para Mirta Clara: le avisan de un traslado a Villa Devoto. Le ponen las esposas, la vendan, encapuchan y engrillan. En esas condiciones, llevaba en brazos -como podía- a su hijo nacido en cautiverio: Juan Andrés, de sólo seis meses.
Pero, no llegó hasta el avión porque se lo arrancaron de los brazos. INTERPOL mediante, lo pudo recuperar de una guardería del Ministerio de Bienestar Social de Resistencia. En ese traslado, Mirta Clara fue con sus compañeras de cárcel: Nora Giménez de Valladares, que tenía sólo 18 años, y Elsa Quiroz, que hoy es diputada nacional.
No pasó ni un mes, que el 11 de diciembre “una inspectora de la cárcel llamó a Elsa y Nora para un traslado” nuevamente a Resistencia. De inmediato, comenzó la protesta de las presas, llegó a haber unas 1.200 en Devoto.
“Exigíamos saber quién daba la orden y por qué, pero nunca se nos contestó”, recuerda Mirta. Resultaba sospechoso el poco tiempo que pasó desde el traslado de Resistencia a Buenos Aires para volver a reubicarlas. Y, como los traslados eran malas noticias, las presas comenzaron una suerte de protesta sin comer y tomando sólo el agua necesaria.
A la noche, la misma celadora que trajo malas noticias, anunció las novedades: Nora y Elsa se quedarían en Devoto porque una niebla dejó fuera de operaciones a la pista ubicada en Morón (Buenos Aires). “Así se salvaron, seguramente, de ser víctimas de la Masacre”, reflexionó Mirta.
VENGANZA
Para algunos, “Flaco”, para otros “Tiburón”, Néstor Sala tuvo que dejar La Plata e instalarse en Resistencia con Mirta –embarazada ya- y su hija Mariana Eva. No pasó mucho tiempo que fue detenido en su casa, el 9 de octubre de 1975.
Fue torturado sistemáticamente desde el momento de su detención hasta el de su muerte, sea en la Brigada de Investigaciones de la Policía de Chaco, en la alcaidía policial de Resistencia, durante un traslado (como a Formosa) y hasta en el cuartel militar de La Ligura (ex Grupo de Artillería 7 hoy Base de Apoyo Logístico).
En Formosa, fue exhibido desnudo en el patio del Regimiento de Monte 29, acusado de ser el jefe del grupo que intentó copar esa guarnición militar –años después desmentido por los propios militares-: “Vamos a vengar a los soldados muertos”, arengaron los oficiales a la tropa, según el testimonio de Mirta Clara.
En su último día, Néstor fue sacado a las 14 –plena siesta chaqueña sin actividad alguna- de la U7. De allí, lo llevan al cuartel militar de La Liguria, lo torturan, lo hieren de un bayonetazo y lo trasladan hacia la alcaidía de Resistencia, donde nuevamente es vejado.
En este lugar, alcanza a advertir a Mario Mendoza, otro preso político, que se trataba de un “traslado pesado”, que se tradujo en la Masacre en Margarita Belén, cumpliéndose la venganza preanunciada en Formosa. Mirta recordó que el arrepentido Eduardo Ruiz Villasuso declaró en su lecho de muerte que Alberto Luis Patetta –uno de los imputados- le disparó a la cabeza a Néstor.
MILAGRO
Antes de la Masacre, durante entrevistas de la Dirección Nacional de Militares con presos políticos, Nora escucha: “Si pasan de diciembre, lo pueden considerar un milagro” -que no ocurrió-, según relató Mirta que terminó de declarar con un aplauso del público.
También contó que, tras otra entrevista, en este caso con Cristino Nicolaides, ex jefe del Ejército Argentino, Nora cuenta que el militar responsabilizó a Perón por lo que les pasaba a los presos políticos. “Reconoció que íbamos a ganar, pero advirtió que en ese momento éramos carne de cañón. Y habló de Néstor como un gran cuadro político”, añadió la testigo.
Con la Masacre consumada, el padre de Néstor, tras ser ninguneado en los cuarteles de Resistencia y Corrientes, termina enterándose de la muerte de su hijo en una entrevista informal con Petetta (apuntado por Villasuso como el ejecutor) y Miguel Bagaer. Después, el certificado de defunción y una comunicación oficial no coincidían con el día ni las causas de la muerte.
Por Marcos Salomón