11/08/2010 - Osuna y Gómez se enfrentaron con el juez Alonso por realizar preguntas fuera de lugar, en tanto que al abogado Mañanes se lo obligó a callar, porque dialogaba mientras declaraba un testigo. Además se dejó constancia de las actitudes de estos abogados por pedido del presidente del Tribunal, Víctor Alonso.
La jornada Nº 18 de la Causa Caballero que busca dar con responsables de la policía y del ejército por haber cometido delitos de lesa humanidad en la Brigada de Investigaciones del Chaco y la Alcaidía, se desarrolló en un clima agitado que se fue calentando con el correr de las horas, hasta concluir con una fuerte discusión entre el presidente del Tribunal Víctor Alonso y los abogados defensores.
De hecho, antes de que concluya el segundo testigo su relato, (se trató de Eduardo Saliva), el juez mandó a callar al doctor Pedro Mañanes, (defensor de Enzo Breard) manifestándole que,”trate de no hablar porque sino molesta”, aunque la tensión se alivianó cuando se fue al cuarto intermedio, donde Alonso bromeó diciéndole que ahora sí podía dialogar todo lo que quería el abogado.
Pero el clima se fue calentando poco a poco y estalló cuando se encontraba declarando el testigo Jorge Giles, detenido el 17 de abril de 1975 en Villa Ángela. Es que al ser interrogado por el defensor Ricardo Osuna, que representa a Gabino Manader, José Marín, alias “Cabo Sotelo”, Francisco Orlando Álvarez y Ramón Andrés Gandola), en un momento pretendió leerle un par de nombres de personas para saber si las reconocía, pero el documento se refería a una causa que los mismos militares le habían abierto al ex detenido político, algo que nada tiene que ver con el actual juicio que se viene desarrollando en el Tribunal Oral Federal.
Por eso, Alonso no permitió que el testigo conteste y ante esta advertencia, el mismo Osuna expresó que desde el principio de la causa no se les deja preguntar a la defensa, pero ante las inquisidoras preguntas del defensor, Giles arremetió diciendo que: “yo no soy el juzgado acá, sino sus defendidos”.
Luego de esto, el abogado pretendió interrogarlo acerca de que si cuando se lo torturaba, sus captores le preguntaban si conocía a determinadas personas o si mantenía alguna relación con éstas, a lo que el abogado querellante Mario Bosch se opuso argumentando que colocar en un contexto por el cual el testigo ya pasó y además en el cual fue torturado, es victimizante y lo consideró impertinente, algo que el Tribunal aceptó y no permitió que la pregunta sea respondida.
Para terminar, en una actitud que a la sala entera le quedó poco clara, el abogado José Oscar Gómez (defensor de Humberto Lucio Caballero y Oscar Galarza), cuando el Tribunal le dio la palabra para que realice preguntas, intentó ensayar una suerte de verso, quizás en un tono sarcástico que pretendió ser gracioso a la vez, pero que no lo pudo terminar ya que Alonso lo interrumpió y pidió inmediatamente que conste en acta la actitud del letrado.
Detenida y torturada
La ronda de testigos ayer arrancó con la declaración de María Teresa Presa, viuda de Manuel Parodi Ocampo, (víctima de la masacre en Margarita Belén). Según la mujer ambos fueron detenidos en la Brigada de Investigaciones del Chaco el 16 de abril de 1976. Ella fue conducida a la tan mencionada y temida, “Sala Negra”, lugar en el que los presos esperaban para ser torturados en un lugar contiguo y donde se pudo percatar de la presencia de otros presos políticos. Si bien no quiso brindar detalles sobre las vejaciones que sufrió estando allí, comentó que en una oportunidad le quemaron los pechos, aunque no sabe si con una plancha o una pava. Cabe remarcar que estaba embarazada de cinco meses.
Al momento de nacer su hijo, fue llevada al Hospital para la Madre y el Niño, lugar en el que permaneció solamente menos de un mes recuperándose ya que luego volvió a la Brigada. Luego fue trasladada hasta la Alcaidía donde estuvo hasta el 19 de noviembre, fecha en que la llevaron a la cárcel de Villa Devoto, al pabellón de madres.
Tras este testimonio, fue el turno de Eduardo Saliva, detenido el 13 de abril de 1976 por fuerzas conjuntas y donde identificó al comisario Thomas, Zeniquel, Manader, Balussi, (que luego se enteraría perteneció a la Side) y quienes lo condujeron hasta la Brigada de investigaciones, lugar al que consideró como un “verdadero infierno”.
Saliva reconoció allí a varios detenidos como María Teresa Presa, Parodi Ocampo y Elsa Quiroz, a quien “la golpearon de forma salvaje”. En tanto, relató que a raíz de las sesiones de tortura a las que fue sometido, él tenía, “el cuerpo hinchado producto de la aplicación de la picana eléctrica”, (utilizada para el ganado), a la que describió como una varilla de color que daba descargas.
Mientras el testigo comentaba que uno de los torturadores era Marín, (que está acusado en la causa y quien se hacía llamar también Cabo Sotelo), el implicado se encorvaba cada vez más como queriendo desaparecer de su silla agachando la cabeza hasta casi ponerla entre sus piernas.
“Habíamos visto de todo, pero nunca pensamos que serían capaces de eso”, relató cuando recordó un episodio en que escuchó cómo la detenida Nora Valladares, que tenía un hijo, pedía que no le hagan nada a la criatura y la oyeron llorar. La conclusión que sacó luego fue que al bebé también lo torturaron porque sintieron sus llantos.
Finalmente, Saliva pasó al exilio y voló hasta España, donde permaneció hasta 1982, luego de haber pasado por la Alcaidía, la Unidad 7 de Resistencia y la cárcel de Villa Devoto.
“Hubo una complicidad civil que hizo grandes negocios con la dictadura”, dijo y recordó el caso de Juan Alberto García que realizó un recordatorio en la muerte de un alto jefe de la policía, implicado en los casos de torturas, por lo que sentenció: “todavía falta que se haga justicia con esa gente”.
La miseria del hombre
El cuarto testigo fue Jorge Giles, para quien la memoria no es muy distinta a los de Saliva pues para él, la Brigada de Investigaciones es “el recuerdo del horror y de la cobardía humana”, porque haber estado allí fue “realmente estar en el infierno”. De hecho, todavía no logra comprender cómo es posible que personas tengan semejante ensañamiento con el ser humano.
Para él, Thomas era “un bravucón” y un provocador porque en una oportunidad sucedió algo que le llamó la atención, ya que le sacó las vendas que cubrían sus ojos y le pidió que lo mire. “Él creía ser el dueño de la vida de todos”, dijo.
Fue tal la manera en que se torturaba a los detenidos, que Giles indicó que estando vendado, escuchó la voz de una persona que daba instrucciones “casi quirúrgicas” a los torturadores para que apliquen la picana en zonas sensibles del cuerpo, (específicamente en la parte del corazón en su caso).
“Es mentira que sean seres de otro planeta, por eso me pregunto, ¿cómo pueden ser tan cobardes?” reiteró al Tribunal que lo escuchaba atento.
Cuando fue preguntado por el defensor Gómez, que insistentemente quería saber los nombres de personas que violaron a mujeres en la Brigada de Investigaciones, el testigo simplemente manifestó: “en estos últimos cinco minutos acabo de sentir el mismo dolor en el pecho que sentía antes”, en relación a las torturas que sufrió.
Cuando concluyó su relato, el presidente del Tribunal no mandó a un cuarto intermedio, solamente permitió ir al baño a Bosch, que lo solicitó, por lo que todos los presentes permanecieron en sus sillas, menos Mañanes que se retiró de la sala, y al momento de advertirlo, porque ya se encontraba en el banquillo el próximo testigo, (Carlos Páez), Alonso pidió a los secretarios del Tribunal que dejen constancia de la ausencia del abogado defensor.
Carlos Aníbal Páez
Detenido el 15 de abril de 1974 a los 17 años, en Sáenz Peña, este preso político pasó en poco tiempo a habitar varios sitios de detención, ya que fue conducido a la Alcaidía de Sáenz Peña y después a la Alcaidía de Resistencia.
En tanto que en diciembre de ese año, lo llevaron a la U7 y dos años después, en agosto a la U6, en 1980 fue llevado a la U9, y en 1981 le otorgaron la libertad vigilada.
En la Alcaidía de Sáenz Peña fue torturado con picana eléctrica y recordó que dirigió las mismas Wenceslao Zeniquel y participaron Thomas, Cardozo, Manader y Yedro.
“Me tiraron de boca al suelo y me llevaron a un descampado, me habló un tipo y me pasó algo frío por el cuerpo, quien me dijo ´mirá pendejo, es triste terminar así, hablá?´”, sentenció ayer el testigo.
De todas las torturas que recibió estando preso, tiene como secuelas un corte en la cabeza con deformidad en el cráneo, un tumor en un testículo y fue operado en 2007.
Continúa hoy
La jornada que terminó cerca de las 15 de ayer, continúa hoy con las declaraciones de los testigos: Juan Carlos Goya, Ricardo Uferer, Eusebio Esquivel, Rogelio Tomasella, José Luis Valenzuela, Héctor Berger y Carlos Aguirre.