Causa Caballero, día 16
Ex detenido descartó la Obediencia Debida, porque los represores torturaban por placer

14/07/2010 - En el tercer día que pasó detenido en la Brigada, José Luis Migueles recordó que fue llevado hasta un descampado, donde lo estaquearon. Antes tuvo que afrontar dos simulacros de fusilamiento que se le practicó, gatillándole con un arma sobre la sien. “Me llama la atención el nivel de crueldad y satisfacción de los torturadores cuando cometían estos actos”, expresó ayer ante el Tribunal.


Fue el último de tres testigos que declararon ayer en la Causa Caballero. Todos coincidieron en que sufrieron la persecución política y el cautiverio durante la década del 70 y a lo largo de la última dictadura, a manos de olicías y militares en el Chaco.

José Luis Migueles es ahora médico cirujano pero comentó que personas de civil, que luego interpretó pertenecían a las fuerzas de seguridad, pues llamaron a un patrullero, lo detuvieron en la vía pública el 10 de mayo de 1976 para trasladarlo hasta la Brigada de Investigaciones, donde permaneció por 10 días.

Desde muy joven, 14 ó 15 años, afirmó ser un ferviente militante y fundador de la Juventud Peronista de Goya y de Corrientes capital, actividad que realizaba durante la época en que estuvo detenido. Ni bien sucedió esto, se encontró desaparecido pues sus familiares no lograban dar con él, algo que consiguieron recién cuando fue trasladado a la Alcaidía de Resistencia.

Sin embargo, fue en la Brigada de Investigaciones donde padeció una de las mayores torturas, lugar en que permaneció gran parte del tiempo con los ojos vendados, y sentado en una silla con poca estabilidad, lo que hacía más difícil su equilibrio. En esa posición fue picaneado en genitales, pene y axila, porque para las sesiones de tortura se lo desnudaba. No obstante, también dijo que a tormentos similares era sometido Arturo Franzen, (muerto luego en la masacre de Margarita Belén) pero “con un ensañamiento cinco veces más que contra mí”.

En el tercer día que pasó en la Brigada, Migueles fue llevado hasta un descampado, que refirió debe ser cercano a una ruta por la constante circulación de autos y camiones, donde lo estaquearon, pero antes tuvo que afrontar dos simulacros de fusilamiento que se le practicó gatillándole con un arma sobre la sien.

Estando con las manos y piernas abiertas y atadas, acostado en el suelo, perdió el conocimiento cuando se le aplicó picana sobre la boca y comenzó a sangrar. De allí no recuerda cómo despertó, pero lo hizo estando nuevamente en la Brigada.

“Como médico, me llama la atención el nivel de crueldad y satisfacción de los torturadores cuando cometían estos actos”, expresó ayer ante el Tribunal y agregó: “Como militante, pienso que en ningún momento existió la tal Obediencia Debida, porque ellos solamente paraban por miedo”, es decir, cuando pensaban que sus víctimas estaban por morir.

Este ensañamiento contra Migueles fue disminuyendo cuando notó que trajeron a Blas Tierno, (también muerto en Margarita Belén) como detenido, y a quien “las torturas eran 10 veces más fuertes”.

Estando en la “sala negra”, lugar contiguo donde los detenidos esperaban para ser torturados, comentó que escuchó voces de mujeres y reconoció a Susana Valladares, Elsa Quiroz y Pereira. En tanto que de sus torturadores recordó al oficial Cardozo, quien en una oportunidad le quitó las vendas “como desafiándome y diciéndome mirá quién es tu dueño”, también al cabo Sotelo, (Marín) que participaba de las torturas en algunas ocasiones y tocaba el acordeón.

Desde el 20 de mayo hasta mediados de septiembre estuvo en la Alcaidía de Resistencia, tiempo en que si bien no recibió el mismo maltrato, las condiciones tampoco eran las mejores, pues el oficial Silvalongui lo golpeaba reiteradamente en los pies, (además estaba descalzo), mientras que recordó que un guardia, pastor, constantemente señalaba a los detenidos acusándolos de que irían al infierno.

Fue liberado el 23 de diciembre de 1983 en la U7 de Resistencia, luego de haber sido trasladado desde la Cárcel de Rawson, donde se encontraba.

Las risas las tengo grabadas en mi memoria
El segundo en declarar en la jornada de ayer fue Daniel Enrique Ferracini, detenido el 15 de mayo de 1976 por personas de civil, (aunque en esa ocasión identificó a militares en el lugar), para ser trasladado hasta la Brigada de Investigaciones, donde al entrar lo vendaron, lo condujeron por una escalera y en una sala lo torturaron con picana eléctrica, sesiones a las que eran sometidos también otros detenidos, tanto hombres como mujeres.

El testigo relató un escalofriante episodio en que escuchó que torturadores gritaron “que se baje los pantalones”, cuando a Graciela de la Rosa, (quien fuera detenida junto con él en su casa y declarará en la siguiente jornada de juicio), se la torturaba en una sala y al momento en que él pretendió oponerse a esto, fue golpeado salvajemente.

En un lapso de tiempo y con la mujer gritando, también oyó carcajadas de hombres. “De eso no me puedo olvidar porque tengo grabadas esas risas”, afirmó Ferracini, lo que le valió que el abogado defensor preguntara si tenía grabada las risas en algún grabador o en su interior, a lo que él arremetió: “A esas risas las tengo grabadas en mi memoria”.

En la denominada “sala negra” de la Brigada también estuvieron otras mujeres, como Nora Valladares, que “permanecía acostada en el suelo y se quejaba mucho todo el tiempo”.
El testigo reconoció a varios de los represores, como el cabo Sotelo, que tocaba el acordeón, Gabino Manader y también a Rodríguez Valiente, que se identificó recién cuando lo llevaron a la Alcaidía, período que recordó como “gris”, ya que no mantiene muchos recuerdos definidos al no haber sido torturado con tanta magnitud.

En 1977, ya estando en la Unidad 7 de Resistencia, fue vuelto nuevamente hasta la Brigada de Investigaciones, esposado y vendado, donde lo condujeron hasta un sótano, pues bajaron una escalera, desnudado y atado a la estructura de una cama y picaneado, siendo interrogado acerca de cuál era su función dentro de la cárcel y la organización de los detenidos en la misma.

Tras eso, fue llevado a la parte de arriba de la Brigada y permaneció en un calabozo, hasta ser regresado nuevamente a la U7. Finalmente, en 1983, se anularon los consejos de guerra, (a Ferracini se lo condenó a 20 años de prisión con estos métodos) y pudo salir en libertad.

El sistema era no tener sistema
Pero quien abrió la jornada de la ronda de los testigos en el día de ayer fue Mario Daniel Souilhe, que manifestó haber sido detenido ya en 1968, el 28 de junio, aunque el 30 de agosto de 1974 por un grupo compuesto en conjunto por las fuerzas de la Policía Provincial, Federal y la Gendarmería en la localidad de Fontana. De sus captores, pudo identificar a uno, Zeniquel, y “antes de que me pisaran la cabeza le grité tres veces su nombre, para que sepa que lo conocía”.

Fue trasladado hasta una comisaría de Barranqueras, donde permaneció 36 horas de pie, le realizaron un simulacro de fusilamiento y le orinaron encima.

“Ahora vas a hablar y decir dónde están las armas”, fue el interrogatorio al que estaba sometido en aquella ocasión. De allí fue a parar a la Brigada de Investigaciones, donde reconoció a Sanchistella, Castillo y nuevamente Zeniquel, y permaneció por el tiempo de una semana.

Desde septiembre hasta diciembre de ese año estuvo alojado en la Alcaidía de Resistencia, luego a la U7 y finalmente el 22 de junio de 1982 recuperó su libertad.

Sin embargo, el testigo ensayó un “marco histórico”, sobre el plan de persecución que se realizó para actuar sobre “el terror y el miedo y así permitir lo que sucedió después, ese vaciamiento cultural” junto con el plan de exterminio.

Fue en la cárcel Rawson donde la represión, la tortura y la anulación de las personas se produjo de forma más cruel, según su visión, pues “allá, el sistema era no tener sistema”. En efecto, a los detenidos los guardias les daban una orden que luego las contradecían ellos mismos, con el fin de justificar un castigo por desobediencia. Los detenidos iban a parar por esto, durante 30 días a un calabozo de castigo lleno de agua y desnudos.

El 6 por ciento de la población de dicha cárcel se suicidó, (12, en un total de 200) mientras que el 60 por ciento “no salió bien”.

Hasta el 2 de agosto
La audiencia pasó a un cuarto intermedio para el día 2 de agosto próximo, oportunidad en que declararán Elsa Quiroz, Santiago Almada, Eduardo Saliva y Graciela de la Rosa.