Causa Caballero: testigos comprometen a los principales imputados
Miércoles, 14 de Julio de 2010
Los tres testigos que prestaron declaración ayer en juicio que se le sigue doce torturadores, diez ex policías y dos ex militares que integraron el aparato represor de la Brigada de Investigaciones durante al última dictadura militar, reconocieron a sus verdugos.

Cuando el Tribunal Oral Federal (TOF), presidido por el correntino Víctor Alonso, le preguntó a Jorge Migueles por las generales de la ley, la respuesta fue que su único interés es que trascienda la verdad de lo ocurrido en la década del 70.
Agregó que cuando “atendió a la hija de uno de sus torturadores”, lamentó que “no sepa quién era su padre”. Omitió mencionar el nombre de su victimario, seguramente para no delatar quién era su paciente.
Migueles fue detenido “el 10 de mayo de 1976 en Resistencia junto con (Arturo) Francen, durante un operativo (razia) y fue conducido a la Brigada de Investigaciones por averiguación de antecedentes”.
Cuando llegó no le esperaba un simple fichaje, ya que por el contrario ya en el patrullero que los trasladaron sufrieron “golpes”. Entró por la puerta principal donde le “colocaron la venda” y lo sentaron “en una especie de silla que no tenía patas delanteras”, de tal forma que se “sostenga con sus extremidades”, mientras era golpeado, picaneado e interrogado.
Durante diez días fue sometido a gravámenes de todo tipo porque hasta fue estaqueado “en un descampado ubicado cerca de una ruta que fue acondicionado para torturar”. Allí le provocaron “la rotura” de la lengua y un sangrado intenso que “pudo asustar a sus verdugos” porque finalizó abruptamente la sesión.
Recién cuando fue detenido Patricio Blas Tierno, fusilado en la Matanza de Margarita Belén, las torturas bajaron de intensidad. “Concentraron sus esfuerzos en Blas. Francen sufrió cinco veces más que yo y Tierno diez veces más”, relató.
En una segmento de su declaración comentó que su familia hizo gestiones con el entonces obispo de la diócesis de Goya, Monseñor Alberto Devoto. Sostuvo que la intermediación eclesiástica evitó que lo mataran.
Finalmente le hicieron firmar una declaración que no pudo leer porque “estaba vendado”. Al tiempo lo trasladaron a la alcaidía para posteriormente ser alojado en al U7. Durante el 78 lo sometieron a consejo de guerra y recibió una fuerte condena. Recobró su libertad en el diciembre del 83.
“Les daba placer”
El médico indicó que, según su visión, al grupo de Investigaciones “les daba placer torturar”, porque algunos guardias marcaban diferencias “cuando sostenían que eran combatientes que no se ensañaban con la gente indefensa”. Recordó que durante su detención en la brigada escuchó a Norma Valladares decir “pará, vos no tenés hija”.
No fue el único testigo que atacó la teoría de la obediencia debida de los torturadores a las órdenes que recibía por parte de las autoridades de la dictadura militar que tenía el poder.
Además, relató que cuando lo picaneaban lo hacían en las zonas donde están las terminaciones nerviosas, de mayor sensibilidad y donde “causan una sensación de mortificación”.
“Los apodos eran de animales o nombres de pájaros”
El segundo testigo de la jornada de ayer fue Daniel Ferracini, ex estudiante de ingeniería detenido en la tarde del 5 de mayo de 1976 por personal civil en el domicilio de Graciela de la Rosa.
Ferracini comentó que los guardias les ponían apodos de animales o nombres de pájaros, si bien el no recordó cómo le decían o algunos de los apodos. Migueles sí informó que a Valladares la llamaban “la coneja”.
El ex estudiante comentó que formó parte del centro de estudiantes de Ingeniería (CEI) y casi todas las preguntas que le hicieron en la Brigada de Investigaciones eran sobre su militancia.
“No me hagan nada, estoy embarazada”
A poco de llegar a la Brigada de Investigaciones escuchó a de la Rosa pedir que “no le hagan nada porque estaba embarazada”. El ruego no fue atendido por el grupo de tareas que le tocó padecer.
“Bajale los pantalones”, gritos y carcajadas escuchó y cuando trató “de darse vuelta fue violentamente castigado” por los policías que estaban en esa habitación, posiblemente una dependencia ubicada al lado de lo que se denominaba “la sala negra”. Fue el inicio de una pesadilla que duró hasta el 20 de mayo, día que fue trasladado a la cárcel. Le tocó el mismo trato que a cientos de presos políticos detenidos durante la dictadura.
De vuelta a la Brigada
En septiembre de 1977 fue nuevamente alojado en la Brigada de Investigaciones, pero en esta ocasión las instalaciones para amedrentar a los detenidos eran diferentes. “Me llevaron a un sótano donde me ataron a la parrilla de una cama metálica, me tiraron agua y me picanearon. Querían saber cómo estábamos organizados en la cárcel”, detalló.
Es la segunda vez —durante esta semana— que un testigo hace referencia a un traslado a la Brigada donde fue interrogado sobre las actividades que desarrollaban, tanto en la alcaidía como en la U7.
Para esas fechas gran parte de los opositores de la dictadura estaban detenidos con causas penales armadas y los liberados aún sufrían las secuelas que les dejó el trato dispensando por sus captores.
Reconociendo imputados
Los testigos reconocieron como sus torturadores a Gabino Manader, José Francisco Rodríguez Valiente, José María Cardozo y a José Marín (cabo Sotelo), el encargado de tocar el acordeón con una doble finalidad: tapar los ruidos y despertar el terror entre los detenidos, que al escuchar el sonido sabían que era parte del repertorio de la tortura.
O porque la venda se aflojaba o porque los ex policías se presentaban o los hacían mirar, todos los testigos pudieron asociar las voces de las torturas con gran parte de los que hoy están siendo enjuiciados.
Torturas en el ‘74
El reconocido militante político Mario Daniel Souilhé mencionó que fue detenido por primera vez durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. Si bien lo liberaron y volvieron a detener en varias oportunidades más, el 30 de agosto de 1974 quedó preso hasta el regreso de la democracia.
Por el relato se infiere que su experiencia fue una suerte de ensayo o práctica que, con el tiempo, se tornó en una metodología común: arresto con violencia, colocar las esposas con las manos en la espalda, vendar los ojos, golpes, picana e interrogatorio.
Si bien en su caso el apremio fue “en una comisaría de Barranqueras y en la Brigada de Investigaciones sólo le tomaron declaración”, su experiencia fue similar a la que vivieron otros dirigentes políticos en el 76.
Receso hasta agosto
Al terminar la jornada, el Tribunal informó que entrará en receso hasta el 2 de agosto, día que está prevista la declaración de Santiago Almada, el mismo que encabezó una causa común por infracción a la Ley de Seguridad, elaborada para acusar a gran parte de los militantes.
Mientras tanto esperarán la llegada de nuevas pruebas que fue fueron pedidas por la querella o por la defensa de los ex militares y ex policías imputados.