Por supuestas contradicciones con un relato anterior
Margarita Belén: la jornada se calentó al final, con la declaración de un testigo
14/09/2010 - Se trata de la declaración de Miguel Domínguez, que trabaja en Vialidad Nacional y que cree haber estado en cercanías del lugar donde se produjo la masacre. Carlos Pujol hizo notar al tribunal una posible contradicción con la declaración en la etapa de instrucción.

La jornada Nº 26 del juicio que busca saber qué sucedió el 13 de diciembre de 1976 en cercanías de Margarita Belén, donde fueron asesinados más de 20 presos políticos y que tiene como implicados a nueve ex militares y un ex policía del Chaco, concluyó con la declaración de un testigo que generó encontronazos entre las partes y también con la intervención, fuera de lugar, de uno de los imputados.

Miguel Domínguez tiene ya 60 años y desde hace 40 trabaja Vialidad Nacional. Según relató ayer al Tribunal Oral Federal para la fecha de los hechos que se investigan, cree haber estado desempeñándose en el empalme de las rutas Nº 11 y 90, noche en la que se encontraba en una especie de campamento con un compañero que ya está fallecido, cuando escuchó una ráfaga de disparos que duró entre, considera, tres o cuatro minutos, si bien en esa oportunidad y por el miedo que sintieron, no quisieron salir a averiguar de qué se trataba.

No obstante, al día siguiente se acercó al lugar a observar, ahora desde el puente que se encuentra sobre el río Guaicurú, logrando ver a unos 800 metros de distancia, tierra removida, aunque su inspección solamente llegó hasta ahí. Pasados dos o tres días, sí se atrevió a recorrer el lugar desde donde provinieron los disparos y cuando se acercó notó listones de sangre sobre la tierra removida.

Hasta ahí el relato venía sin interrupciones, pero el abogado defensor, Carlos Pujol, hizo notar al tribunal una posible contradicción en su declaración actual con la que había prestado anteriormente en instrucción, ya que en aquella oportunidad recordó que haber notado huellas de pisadas sobre el lugar mencionado, aunque cuando se lo recordaron, Domínguez manifestó que las mismas estaban algo borrosas y no bien definidas. También, que mencionó que la noche de los disparos, (en su primera declaración), se encontraba cazando, algo que luego logró aclarar.

Sin embargo, al finalizar la audiencia y con unos abogados defensores insatisfechos con las respuesta que daba el testigo se iba calentando el ambiente, hasta que se sentía que harían contar al testigo como falso testimonio, algo que finalmente no se hizo, tras las aclaraciones que daba Domínguez.

Pero lo más lamentable que ocurrió en la sala fue la intervención de uno de los acusados que se refirió a los hechos como “cuando mataron a una vaca”, algo que la querella no aceptó aunque no dio el nombre de quien injurió de esa manera pero se lo hizo saber de inmediato a la presidenta del tribunal de lo que había escuchado y cuando la jueza Irma Yunes le advirtió a todos los acusados a que no intervengan se vio (y escuchó) claramente a Ricardo Guillermo Reyes decir que el testigo “no estaba ese día ahí”, ya que consideraba que Domínguez mentía, entre el tumulto y el murmullo que se iba generando en la audiencia.

Por otro lado también se generó una interrupción en el relato por dos croquis que supuestamente habría confeccionado el trabajador de vialidad, aunque cuando le hicieron notar la firma, no los reconoció como tales y remarcó que en ningún momento realizó un dibujo sobre el lugar de los hechos.

Videoconferencia y cuarto intermedio
Pero la jornada arrancó con la declaración de Francisco Franta, transportista que fue chofer de camión del Ejército y se encargaba de llevar ladrillos. Sin embargo, no aportó mucho a la causa ya que lo único que rescató fue que luego de los hechos, se hablaba de un enfrentamiento, donde murieron presos trasladados, aunque no comentó nada más.

Pero el segundo testigo fue Daniel Fierenstein, docente e investigador del Conicet que ha realizado entre varios estudios, lo sucedido durante el Proceso de Reorganización Nacional en el país analizando las prácticas genocidas. El profesional explicó que en Argentina se instaló un proceso de “terror, incertidumbre e individualización” en el cual las personas en general pasaban a ser enemigas entre sí.

Su testimonio se realizó mediante una videoconferencia por lo que se requirió la instalación de dos televisores por encontrarse fuera de la sala de audiencia.

Pero desde la defensa se planteó que sus conocimientos no se circunscribían con los de Margarita Belén, y por este motivo se tuvo que llamar a un cuarto intermedio en el cual el tribunal evaluó la importancia de su testimonio y luego de 15 minutos de haber deliberado se continuó con su relato.

Al volver, se le preguntó si los hechos que conocía él, sobre lo sucedido el 13 de diciembre de 1976, constituían un genocidio a lo que respondió que sí, porque entre las características se encontraban la desaparición de personas, junto con su eliminación física y psíquica mediante la tortura.

El tercer testigo fue Juan Argañaráz, detenido el 18 de mayo de 1976 en la Brigada de Investigaciones y trasladado en junio a la Alcaidía, donde permaneció hasta septiembre, mes en que lo llevaron al pabellón Nº 2 de la U7.

Narró que fue el oficial Casco, (hoy detenido por falso testimonio en esta misma causa, tras haber declarado la semana pasada), quien habría leído los nombres de algunos detenidos que iban a ser trasladados ese mismo día. La situación, consideró, fue inusual desde el principio ya que era domingo y de siesta y los traslados se realizaban días hábiles y a la mañana temprano.

Argañaráz sostuvo que notó salir a Tierno y Barco, y éste último con lágrimas en el rostro porque “sabía que lo iban a matar”.

Luego fue el turno de Roberto Cejas, detenido el 10 de septiembre de 1975 en la Brigada de Investigaciones donde estuvo durante 15 días, lugar del que fue trasladado a la Alcaidía, donde lo encerraron en la celda A, justo al lado del comedor. Se tiene que remarcar que los testigos que estuvieron en este lugar de detención, y él incluido, ubican al comedor como el lugar donde se confeccionó una paliza a algunos detenidos que duró alrededor de cuatro horas, antes de haber sido trasladados hasta el lugar de la masacre, ya en la madrugada del 13 de diciembre de 1976.

Cejas vio a Salas, Zamudio, Díaz y Barco allí, todos muertos en Margarita Belén y éste último se encontraba sin fuerza en los brazos, ya que habría sido colgado de las manos.

En tanto que Cristóbal Martínez Cortéz de 76 años, relató ante el tribunal que estuvo detenido en 1976 por portar arma de fuego, aunque había aclarado que la misma no le pertenecía, aunque dicha explicación no fue suficiente y estuvo detenido en la Alcaidía en una celda frente al baño.

Recordó que el 12 de diciembre se apagaron todas las luces y a pesar de la oscuridad y las advertencias de los policías a los detenidos para que no miren, indicó que vio presencia militar en la Alcaidía.

El juicio se encuentra en un cuarto intermedio y se retomará el próximo jueves 16 de septiembre a las 8: 30 como es habitual.