13/09/2010 - Masacre de Margarita Belén- Juicio oral – día 26
El arquitecto que casi es fusilado por un error
Se trata de Miguel López. Lo reveló el testigo Roberto Cejas. El vial Miguel Domínguez estuvo en apuros. Juan Argañaraz estuvo sólido. El resto no aportó mucho. Cambio de seguridad: Policía Federal por Gendarmería.

En un día de mucho barullo y pirotecnia cruzada, en la reanudación del juicio oral y público por la Masacre de Margarita Belén, sobrevoló la tensión de la jornada anterior, cuando fue detenido por falso testimonio el guardiacárcel César Casco, en un día sin muchos datos clave, judicialmente hablando, salvo por un dato.

Ese dato clave lo aportó Roberto Cejas, trabajador del Banco Nación, que fue detenido en 1975, pasó por la Brigada de Investigaciones, por calle Juan B. Justo (donde fue torturado), para luego ser trasladado a la alcaidía policial, donde fue testigo de la golpiza del comedor, de donde sacaron casi muerto a los presos políticos que fueron fusilados el 13 de diciembre de 1976.

“Por error, casi llevan a un tal (Miguel) López. Escuché a la guardia decir que casi se equivocan. Estaba en un calabozo y era arquitecto”, recordó Cejas, quien recordó haber estado en la celda A, compartida con “Hilari, Juan Frías, González, y dos más, Contreras y otro, que reconocieron ser partidarios de Víctor Sánchez (recordado por haber sido ajusticiado por Montoneros en la ruta Nicolás Avellaneda)”.

También se acordó de Luis Barco, que, como Cejas, es oriundo de Sáenz Peña, militando juntos en la comisión pro universidad para la segunda ciudad de Chaco. Y lo situó en una situación física muy precaria: “No podía ingerir alimentos porque estaba muy golpeado, con las manos y muñecas muy tullidas, y no podía mover los brazos”.

También afirmó que la hermana de Barco “quedó ciega por el shock que le produjo la forma en que mataron a Barquito”.

CAMBIO DE GUARDIA
Lo primero que llamó la atención den la audiencia, fue que la seguridad no estuviese en manos de personal de Gendarmería, como habitualmente sucede en este juicio y en el proceso oral y público por la Causa Caballero. En su lugar, el uniforme azul negro de la Policía Federal ganó protagonismo.

Pero, entonces, dónde estaban los gendarmes que habitualmente custodian el lugar. Fueron movilizados, junto con otros 500 efectivos, para despejar la continuidad del tendido del Electroducto NEA-NOA.

TESTIGO EN PELIGRO
Miguel Domínguez, trabajador de Vialidad Nacional desde hace 40 años, estaba con su compañera –hoy fallecido- apostados en un campamento vial en el empalme de las rutas 11 y 90, cuando se produjo la Masacre.

Aseguró haber escuchado una ráfaga “de no más de cuatro minutos” de metralla y después ruido de retroexcavadoras. Al otro día, es decir el 14 de diciembre de 1976, fue a observar la escena desde el puente que cruza el Guaycurú. Dos o tres días después, inspeccionó la zona de las excavaciones, donde encontró movimiento de suelo y rastros de sangre.

Sin embargo, con la defensa comiéndole los talones, incurrió en contradicciones, que fueron aprovechadas por Carlos Pujol para amenazarlo con pedir el “falso testimonio”. Fue el momento de mayor tensión, con el fiscal general Jorge Auat visiblemente molesto, con los familiares de los imputados ofuscados y el Tribunal tratando de poner orden.

En tormenta naufragaba el debate, cuando, desde, donde estaban sentados los imputados, se escuchó: “Mataron a una vaca” (en referencia a la metralla que duró unos minutos, tal como había sido relatada Domínguez). Otra vez fuego cruzado, con la querella indignada por el comentario.

OTROS TESTIGOS
Abrió la ronda de testigo, Francisco Franta un soldado que manejaba uno de los camiones del Grupo de Artillería 7, más precisamente el que estaba a disposición de la ladrillera. No aportó datos relevantes y se fue rápidamente.

Luego, por una dificultosa videoconferencia, declaró el sociólogo e investigador del Conicet Daniel Fierestein: “La práctica de la ley de fugas es común en distintos genocidios, como por ejemplo durante el nazismo”. señaló. Esa misma ley de fugas se aplicó en la Masacre, lo que lo llevó a calificar al fusilamiento como “un genocidio”.
Más tarde, Juan Argañaraz, detenido el 18 de mayo de 1976, fue conciso y preciso.

Estuvo en la Brigada de Investigaciones, donde le quedó claro que la organización política estaba diezmada: “Me llevaron de la sala negra a la sala de situación, donde me mostraron una suerte de croquis con fotos, donde la mayoría de la conducción ya estaba detenida”.

Luego, en la U7 fue testigo de cuando lo sacaron a Barco del pabellón: “Sabía que lo iban a matar”, contó. También vio cómo se lo llevaban a Patricio Blas Tierno. Imágenes que le quedaron grabadas. “Me voy y no sé si vuelvo”, le alcanzó a decir Barco antes de ser llevado por el oficial Casco.

Y cerró Cristóbal Martínez Cortés, que era un preso común en la alcaidía, alojado junto con los detenidos políticos, uno de ellos era Luis Albano Rossi. Pero no aportó más datos.

Esta semana, el debate promete volverse nuevamente áspero, con la presencia del médico policial Grillo, quien fue uno de los que firmó los certificados de defunción de las víctimas de los fusilamientos. También debe declarar el periodista Vidal Mario, quien le realizó la entrevista al ex jefe del Ejército, Ricardo Brinzoni, cuando admitió que lo de Margarita Belén fue una Masacre.

Por Marcos Salomón